Ruta por los 'speakeasies' de Nueva York del siglo XXI

Ruta por los 'speakeasies' de Nueva York del siglo XXI

Silencio, se bebe: clubes ocultos tras una panadería o una barbería

No abrir el pico es parte del encanto de estos locales en los que se sirven cócteles para un público entregado que accede a ellos llamando a un número de teléfono o buscando la contraseña en Twitter. Son los 'speakeasies' del nuevo milenio.

Hay clubes en los que solo entran unos pocos...
Hay clubes en los que solo entran unos pocos... | Cocinatis

Que nadie me vuelva a decir que los españoles somos escandalosos, por favor. ¿Me puede decir alguien por qué hablan tan alto (decibelios y octavas) las mujeres estadounidenses? Bueno, hay una razón: la música siempre está muy alta, lo que justifica los decibelios pero no explica lo de las octavas. Pero al grano, que me estoy perdiendo: cuando me hablaron de que en Nueva York estaban poniéndose de moda otra vez los "speakeasy", que son bares ocultos pero que literalmente significa "hablar bajito", pensé que quizá había llegado el momento en el que los bares de esta ciudad y yo encontraríamos un punto de entendimiento.

Pronto me decepcioné al ver que esa clandestinidad es tan escandalosa como cualquier bar, aunque al menos descubrí una sugerente teatralidad alrededor y, ante todo, algunos de los mejores cocteleros (o, ya que estamos en modo finolis, diremos 'mixólogos') de la ciudad. Básicamente, una manera muy 'cool' de envolver el acto de emborracharse.

Aunque el 'speakeasy' se convirtió en una necesidad por los imperativos de la ley Seca y cualquier lugar era susceptible de ser una insonorizada tapadera para que corriera el alcohol bajo el morbo de la prohibición, ahora son dos tendencias las que justifican el ocultismo de pega: por un lado, un desesperado intento de desempolvar el 'underground' que hizo famoso Nueva York en los 80. Por otro, el instinto natural del neoyorquino de salirse del circuito visible y marcar la distancia con el resto del universo y su mundana vulgaridad.

Empecemos de abajo a arriba. Epicentro: el East Villagehttp://pdtnyc.com/ Su propio nombre lo dice: Please don't tell, o lo que es lo mismo, por favor, no lo digas. Pero claro, basta que lo diganpara que lo que más te apetezca nada más salir de allí es compartirlo con tus amigos y visitas. La atmósfera es de diez: se entra por lo que parece un hiperconvencional lugar de perritos calientes (bastante ricos, por cierto) que tiene una obsoleta cabina de teléfono a la izquierda. Sí, lo habéis adivinado: métete, marca el número y espera a que abran. Las camareras van ataviadas, los ciervos disecados cuelgan de las paredes y los cócteles están de rechupete. Hasta los hielos molan. Y ahí es donde, por ejemplo, marcas como Cutty Sark han basado su campaña de relanzamiento en Estados Unidos, ya que en su época, era el único bourbon que había en el mercado negro en la Ley Seca. Vaya, creo que hemos empezado por el mejor de todospero no se lo digáis a nadie, por favor.

Conviene ir entre semana, porque, evidentemente, ya se ha hecho bastante popular y el 'spoiler' de ver una gran fila delante de la cabina así como los problemas de aforo acaban por arruinar la experiencia y mandándote a la otra alternativa, que no mola tanto aunque está bastante bien: The Blind Barber (https://www.google.com/#q=blind+barber+nyc) Como su propio nombre indica también, es una barbería con apariencia 'hipster' en cuya recámara se abre la máquina del tiempo: un ajedrezado en el suelo, unos muebles de sólida madera y un reservado lleno de fotografías que te retrotraen al terror gótico de "Los otros". Lástima que, en el kit de hacerse la barba como excusa para tomarte el trago (uno de ellos con el nombre de Sweeney Todd, no en vano) uno acaba por reconocer que era mejor la tapadera que lo tapado, y que le ha quedado mejor el bigote que el sabor de boca.

Pongámonos ahora un poco más elegantes, con look 'afterwork' en vez de con el 'casual chic'. Estamos en Chinatown, pero todavía huele a Wall Street. Es miércoles y nos vamos a ver al boticario. Apotheke (http://www.apothekenyc.com) nos recetará unos buenos cócteles e incluso nos dará clases de antirehabilitación, pues ofrece cursos de mixología. Con el sabor vintage de una farmacia en la que podría oler a formol y haber lagartos embotados, te recetan el cóctel y te hacen también una buena cura para los oídos con la sesión 'Prohibition Wednesdays', con una estupenda banda de jazz. Va con contraseña, que como si fueran aquellos tiempos, ya sabéis, hay que encontrarla en Twitter. Si además tienes la suerte de que el banco para el que trabajas te ha dado un bonus de p.m. hasta puedes alquilarlo para celebrar tu propio evento. Estas cosas que todos hacemos de vez en cuando.

Y, aunque hay muchos más, el cuarto que hay que mencionar es el Bathtub, en Chelsea. Con su clandestinidad poco trabajada (está detrás de una panadería con la que no comparte horario) y aprovechando su calidad de recámara para escapar a la tendencia mayoritaria del barrio, la homosexualidad, este lugar tiene algo que no tienen los demás: buenísima comida. Su nombre sirve de 'leit motiv' para una decoración excepcional: bañeras victorianas en medio de un salón a media luz, sirviendo de lavabos en el servicio... y en perfecta combinación con un buen cóctel, patatas con trufa, fina charcutería italiana y buena música. Se está tan a gusto, que deberían prohibirlo... Porque, por mucho que se tiren el rollo, no os quepa duda de que toda esta clandestinidad lo tiene todo perfectamente en regla. La ley seca ya pasó, pero las leyes que regulan el ocio nocturno en Nueva York, ¡son mucho peores!

 

 

Mateo Sancho @mateosancho | Nueva York | 18/06/2014

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