BETTY VE TELENOVELAS

La nueva vida de Seyran, Ferit y los Korhan en el final de Una nueva vida

Ha llegado el momento de despedirnos de Una nueva vida y al hacer balance sólo podemos pensar en cuánto han cambiado Seyran y Ferit desde aquel primer encuentro rodeados de pistachos.

El emotivo final de Una nueva vida: Seyran y Ferit se despiden para siempre

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Han sido semanas y semanas en las que hemos asistido a un auténtico torbellino de emociones con Una nueva vida. Había (pocos) domingos en los que (casi) todo era amor y felicidad, pero hubo (muchos) domingos en los que todo eran problemas, discusiones y peleas.

Sin embargo, si tuviéramos que hacer un resumen global de esta serie sería que ha sido una donde las segundas oportunidades han tenido una grandísima importancia.

Tres bodas después

La relación de Seyran (Afra Saraçoğlu) y Ferit (Mert Ramazan Demir) empezó con un encuentro casual, continuó con un movimiento inesperado del destino provocado por un inoportuno tropezón, a continuación asistimos a una boda forzada. Y, a partir de ahí, tanto el uno como la otra se fueron acostumbrando a sus nuevas circunstancias hasta convertirse en una pareja y en una familia.Eso sí, después de pasar por mil idas y venidas.

Porque en Una nueva vida, todos los personajes, sin excepción han evolucionado mucho. Es más, casi podríamos decir que ha sido la serie de las nuevas oportunidades.

Seyran y Ferit son el mejor ejemplo. Han tenido mil altibajos. Algunos con nombre propio como Pelin o Sinam y otros provocados por la cabezonería de una y la inmadurez del otro. Porque si bien es cierto que han tenido incontables enemigos, también es verdad que muchas veces ellos mismos eran sus peores consejeros. Sin embargo, por muchas veces que se separaran, por muchas veces que se alejaran, siempre encontraban el camino de vuelta.

Y, poco a poco, se fueron convirtiendo en una pareja, en un matrimonio y en una familia. ¿Y cómo lo consiguieron? Pues dándose cuenta de que lo que los unía era más fuerte e importante que lo que los separaba.

Pero la llegada de Seyran a la mansión Korhan también puso de manifiesto que en la prestigiosa familia no era oro todo lo que relucía, sino que también había secretos, mentiras y rencores. Cuando la joven de Antep llegó, sintió que había entrado en una jaula de oro, donde cualquier movimiento, por muy pequeño que fuese, dependía de la voluntad del gran Halis. Y eso era algo que no solo le pasaba a ella, sino a toda la familia.

Por eso Seyran fue un soplo de aire fresco en la familia. Porque, a pesar de su juventud y sus miedos, estaba cargada de voluntad. Y contagió esa voluntad a todos a su alrededor.

Las otras oportunidades

¿Quiénes más apostaron por las nuevas oportunidades? Entre los más inesperados, Halis y Hattuç que nos han regalado una historia llena de ternura y emoción. Esperaron décadas para estar juntos y cuando lo decidieron nos ofrecieron imágenes tan imborrables como un paseo con algodón de azúcar, el secuestro de la novia y hasta una pedida de mano un tanto surrealista.

Otros que también necesitaron varias oportunidades para poder compartir su camino fueron Suna y Abidin. Ella fue dando tumbos de matrimonio en matrimonio lamentando una y mil veces aquel inoportuno tropezón que cambió su destino. Ella había nacido para ser nuera de los Korhan, pero su camino fue muy tortuoso hasta conseguirlo.

A pesar de que Suna también tuvo una etapa oscura, donde llegamos a preocuparnos por sus intenciones con su cuñado y hasta dudamos de hasta dónde la llevaría su envidia hacia su hermana, lo cierto es que si alguien merecía ser feliz después de todo el sufrimiento sufrido, esa era Suna. Y lo mismo podría decirse de Abidin. Tuvo también una época de confusión, producto de los traumas del pasado, pero su amistad y lealtad a Ferit merecía una recompensa en forma de lugar a la mesa de los Korhan al lado de la mujer de su vida.

También Orhan y Gülgun han ido y venido en su relación. En este caso, hay que reconocer el gran esfuerzo y la enorme generosidad de Gülgun, que perdonó y olvidó las mil y una meteduras de pata de Orhan. Han sido tantos los errores que ha cometido Orhan, han sido tantas las veces que ha hecho justo lo contrario de lo que debía, que hasta hemos dudado de si de verdad era un Korhan. Quizá su gran problema era que la sombra que lo abrigaba era demasiado espesa y le costó encontrar el hueco entre las hojas para poder brillar con luz propia.

Un señor personaje

Pero quizá quien ha hecho valer las continuas oportunidades que ha tenido ha sido Kazim, que ha sido, sin duda, uno de los grandes personajes de esta serie ha sido todo un señor personaje.

Fue durante semanas el más odiado y se ganó ese puesto a pulso. Nunca olvidaremos su maltrato a su mujer y a sus hijas. Nunca le perdonaremos ser capaz de vender a sus hijas a quien fuera siempre que pagase un precio adecuado. Nunca borraremos de nuestra memoria su menosprecio a Esme.

Eso sí, Kazim también nos ha regalado grandes momentos. Lo hemos visto sufrir al asumir que se había comportado como un animal con su familia y hemos visto el miedo en su mirada cuando sus hijas estaban en peligro (algo que pasó bastantes veces).

Y, además, Kazim también ha conseguido dar un giro a su personaje convirtiéndolo en el más simpático. ¿Quién nos iba a decir que aquel hombre violento y agresivo sería capaz de arrancarnos más de una carcajada con sus ideas y ocurrencias? ¿Quién nos iba a decir que aquel hombre que hablaba a puñetazos sería capaz de llorar por la pérdida de su bebé no nacido? ¿Quién nos iba a decir que aquel hombre que rompía los lápices rojos a su hija sería un abuelo atento y cariñoso?

Kazim nos dio muchos disgustos, pero justo es reconocer que tuvo el valor de reconocer sus errores, vivir su propia penitencia (reconozcámoslo, disfrutamos viéndolo arruinado por culpa de otra mujer) y reinventarse para ser aquello de lo que siempre había presumido: un señor.

En definitiva, despedimos a los Korhan en el umbral de su nueva vida después de haberlos acompañado en sus momentos más duros y oscuros. Ha sido un largo e intenso viaje, pero también apasionante e inolvidable. ¿Quién no pensará en Seyran, Ferit y toda su familia cada vez que se coma unos pistachos?

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