DE MEMENTO A OPPENHEIMER

La película que Christopher Nolan llevaba más de 25 años preparando sin saberlo: toda su filmografía conduce a La odisea

Desde Memento hasta Oppenheimer, Christopher Nolan ha construido una filmografía marcada por el tiempo, la identidad, el sacrificio y el regreso al hogar. Cuatro ideas que convierten La odisea en la evolución más lógica de toda su carrera.

Matt Damon como Odiseo en La odisea

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Cuando Universal anunció que Christopher Nolan adaptaría La odisea de Homero, muchos interpretaron la noticia como un cambio radical en la trayectoria del director británico. Después de años moviéndose entre la ciencia ficción, el thriller psicológico o el cine bélico, parecía extraño que su siguiente proyecto fuera un poema épico escrito hace casi tres mil años.

Sin embargo, basta con mirar hacia atrás para darse cuenta de que quizá nunca hubo un destino más evidente. Porque Nolan no ha llegado a La odisea de forma inesperada. En cierto modo, llevaba toda su carrera preparándose para contarla.

Su cine siempre ha parecido obsesionado con una misma pregunta: ¿qué está dispuesto a sacrificar un hombre para regresar al lugar al que realmente pertenece? Y esa es, precisamente, la pregunta que lleva sosteniendo el viaje de Ulises desde hace casi tres milenios.

El viaje siempre ha sido más importante que el destino

Matt Damon en La odisea
Matt Damon en La odisea | Universal Pictures

En la mayoría de películas de Nolan, el trayecto importa mucho más que la meta. Sus protagonistas rara vez recorren un camino lineal; avanzan dando rodeos, enfrentándose a obstáculos que los transforman mucho antes de alcanzar su objetivo.

Leonard, en Memento, intenta reconstruir su pasado mientras cada respuesta abre nuevas dudas. Cobb, en Origen, atraviesa distintos niveles de sueños para intentar regresar junto a sus hijos. Cooper, en Interstellar, cruza galaxias enteras con la esperanza de volver a abrazar a su familia, aunque sabe que el tiempo juega en su contra. Incluso los soldados de Dunkerque solo persiguen una idea aparentemente sencilla: volver a casa.

Eso es exactamente lo que convierte a La odisea en una historia tan moderna. El regreso de Odiseo nunca consiste únicamente en alcanzar Ítaca. Lo verdaderamente importante es todo aquello que pierde, aprende y sacrifica durante el camino.

El tiempo siempre ha sido el gran villano de Nolan

Leonardo DiCaprio en 'Origen'
Leonardo DiCaprio en 'Origen' | Warner Bros.

Hay directores que graban persecuciones. Otros viven fascinados por los diálogos. Nolan, en cambio, lleva décadas grabando el tiempo.

Lo fragmentó en Memento, lo dobló sobre sí mismo en Origen, convirtió la relatividad en una tragedia familiar en Interstellar y construyó Dunkerque a partir de tres líneas temporales que avanzan a ritmos completamente distintos. Incluso Oppenheimer, su película más reciente antes de embarcarse en La odisea, salta continuamente entre épocas para demostrar cómo una decisión puede perseguir a una persona durante toda una vida.

En la obra de Homero, el tiempo también funciona como una fuerza implacable. Odiseo tarda diez años en regresar tras la guerra de Troya. Mientras él lucha contra monstruos, dioses y tempestades, su hijo crece sin él, Penélope envejece esperando y su reino cambia lentamente. Como tantas veces ocurre en el cine de Nolan, el auténtico enemigo no siempre tiene rostro: a veces es simplemente el paso de los años.

Nadie entiende mejor que Nolan a los héroes rotos

Batman de Christian Bale
Batman de Christian Bale | Warner Bros.

Otra constante en su filmografía es la forma en que desmonta la figura clásica del héroe. Sus protagonistas nunca son invencibles ni ejemplares. Son personajes llenos de contradicciones, marcados por la culpa y obligados a convivir con las consecuencias de sus decisiones.

Bruce Wayne sacrifica su propia imagen para salvar Gotham. Oppenheimer carga con el peso moral de haber cambiado el mundo para siempre. Robert Angier, en El truco final, convierte la obsesión en una condena. Incluso Cobb termina aceptando que algunas heridas jamás desaparecerán.

Odiseo tampoco responde al modelo del héroe perfecto. Es brillante, pero también orgulloso, impulsivo y profundamente imperfecto. Su viaje no consiste únicamente en derrotar criaturas mitológicas, sino en enfrentarse una y otra vez a las consecuencias de sus propios errores. Es un personaje mucho más cercano al tipo de protagonista que Nolan ha explorado durante toda su carrera que al héroe épico tradicional.

La identidad siempre ha sido el verdadero misterio

Guy Pearce en Memento
Guy Pearce en Memento | Warner Bros.

Aunque muchas veces se habla de Nolan como un director obsesionado con el tiempo, quizá la pregunta que más se repite en su cine sea otra mucho más sencilla: ¿quién eres realmente?

La memoria define al protagonista de Memento. La doble vida marca toda la trilogía de Batman. Los magos de El truco final construyen nuevas identidades para sostener una ilusión. En Origen, la realidad acaba dependiendo de aquello que cada personaje decide creer sobre sí mismo.

En La odisea, Odiseo pasa buena parte de la historia ocultando quién es. Se presenta bajo identidades falsas, observa su propio hogar sin revelar su nombre y solo recupera plenamente su lugar cuando puede demostrar, por fin, que sigue siendo el mismo hombre que partió hacia Troya dos décadas antes.

No parece casualidad que un cineasta tan interesado por la identidad termine encontrándose con uno de los personajes que mejor representa ese conflicto.

Más que un cambio de rumbo, una llegada al destino

Matt Damon en La odisea
Matt Damon en La odisea | Universal Pictures

Por eso La odisea no parece un proyecto aislado dentro de la carrera de Christopher Nolan. Da la sensación de ser la película hacia la que apuntaban, consciente o inconscientemente, muchas de las anteriores.

En ella confluyen el tiempo como enemigo, el regreso al hogar como motor narrativo, la identidad como conflicto, el sacrificio como precio inevitable y los protagonistas obligados a atravesar un viaje que los cambia para siempre. Son ideas presentes desde Following, pero que encuentran en el poema de Homero su expresión más completa.

Quizá por eso la elección de La odisea sorprende menos cuanto más se revisa la filmografía del director. Después de más de dos décadas explorando las mismas preguntas desde géneros muy distintos, Christopher Nolan parece haber encontrado la historia que siempre había estado buscando.

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