CON PENÉLOPE CRUZ
¡La novia! llega a los cines: Jessie Buckley y Christian Bale ponen a prueba la resistencia del espectador
Jessie Buckley protagoniza ¡La novia!, junto a un Christian Bale en la piel de Frankenstein. Una cinta escrita y dirigida por Maggie Gyllenhaal y solo la puedes amar u odiar.

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¡La novia! ya ha llegado a los cines; pero no hay signos de exclamación suficientes en el título para definir el histrionismo que envuelve a esta película escrita y dirigida por Maggie Gyllenhaal. Una absoluta locura en la que el subtexto brilla por su ausencia, dando paso a un frenetismo que poco o nada tiene que ver con la cinta en la que se basa.
Y es que ¡La novia! es un remake de La novia de Frankenstein, clásico de terror de 1935. Aunque, más allá de la criatura buscando compañía para enfrentar la soledad o los locos peinados de la acompañante en cuestión, poco queda del film original.

Jessie Buckley sustituye lo comedido de Hamnet para exagerar el concepto de exageración. Una dinámica interpretativa a la que Christian Bale no se puede resistir y, a golpe de claqué, se suma paulatinamente. Una pareja que en pantalla bien podría ganarse un Razzie o, en su defecto, pasar a la historia del cine de culto.
Porque en ¡La novia! no hay términos medios. Es un disparate continuo que lleva al espectador por un viaje psicotrópico en el que únicamente existen dos opciones: Resistirse y sufrir o relajarse y dejarse llevar. Nada tiene sentido; pero, ¿estamos seguros de que lo necesita?
Llamar a una película La novia de Frankenstein y que el personaje que le da título aparezca apenas unos minutos en todo el metraje tampoco tenía especial sentido. Y funcionó. Así que, probablemente, Gyllenhaal se propusiera jugar con sus propias normas sin pedir permiso a nadie. A quién le convenza, bienvenido sea. A quién no, la puerta de salida es la misma que la de entrada.
Penélope Cruz aporta un pequeño toque de serenidad a la historia. Defiende su papel con tranquilidad, sin parecer ser del todo consciente de la vorágine en la que se encuentra. Un contraste que, a pesar de las abruptas resoluciones de guion, funciona.
Cualquiera que espere encontrar un relato convencional, se chocará con una pared que no se puede atravesar a golpes. De hecho, hasta la propia narradora, la encarnación de Mary Shelley en un pseudohomenaje a la cinta original, se salta todas las normas para intervenir psicóticamente en la película.

¡La novia! no quiere gustar a todo el mundo, no quiere llevarse el aplauso fácil del público ni el beneplácito del cinéfilo. Quiere, como su protagonista, y encontrar su propio nombre.
Una auténtica montaña rusa repleta de curvas imposibles y loopings de vértigo capaz de marear hasta a los más valientes. Todo aquel que sepa de antemano que los parques de atracciones no son su pasión, debe atenerse a las consecuencias. Porque una vez baja el arnés y las ruedas se mueven sobre los raíles, bajar es imposible. Lo mejor es levantar los brazos, gritar y rezar para no marearse una vez termine el espectáculo.
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