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"Siempre se ha comido así y nunca ha pasado nada"

Este es un argumento ampliamente utilizado por quienes rechazan la idea de que necesitamos mejorar nuestros hábitos alimentarios. ¿Qué hay de cierto?

Persona comiendo comida rápida.

iStock Persona comiendo comida rápida.

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Con cierta frecuencia, cuando muchas personas escuchan mensajes de educación alimentaria, banalizan su importancia y la repercusión entre alimentación y salud amparándose en argumentos como “siempre se ha comido así y nunca ha pasado nada”. Vamos a desgranar esta afirmación para saber si realmente tenemos los mismos hábitos ahora que hace años.

¿Siempre se ha comido así?

Debido a los cambios en los estilos de vida, entre otras cosas, cada vez dedicamos menos tiempo a cocinar y planificar las comidas. Por ello, recurrimos a opciones más rápidas, a la vez que tenemos accesibles infinidad de productos que hace 50 años simplemente no existían.

Por un lado, ha descendido el consumo de hortalizas en un 40,4% desde 1964, según datos del informe [[LINK:EXTERNO|||NOFOLLOW|||https://www.fen.org.es/storage/app/media/imgPublicaciones/informe_frutas_y_hortalizas_fen_2018-v1.pdf|||‘Frutas y hortalizas: Nutrición y Salud en la España del S. XXI’ ]]y el consumo de legumbres en España actual es la cuarta parte de lo que era según datos del Estudio Nacional de Nutrición y Alimentación (ENNA-1).

Por otro lado, la producción de productos de bollería y pastelería se ha duplicado en las dos últimas décadas, según los últimos datos facilitados por la Asociación Española de la industria de la panadería, bollería y pastelería (Asemac). Estos productos de bollería y pastelería suponen el segundo alimento que más contribuye a la ingesta energética en la dieta de menores de 9 a 12 años de edad, en mujeres adolescentes y la tercera fuente calórica en hombres adolescentes entre 13 a 17 años, según datos del estudio ANIBES.

En adición a esto, la ingesta media de bebidas azucaradas se ha duplicado desde 1964, según datos del Ministerio de Consumo, siendo la ingesta actual de 42,48 litros por persona al año (más de medio vaso al día), seguido de 23,3 L de cerveza por persona al año.

¿Nunca ha pasado nada?

La evolución hacia un estilo de vida caracterizado por estrés, sedentarismo y un consumo cada vez mayor de alimentos ricos en grasas de mala calidad, azúcares simples o sal, y calóricamente densos, está influyendo en el incremento de problemas de salud y sus factores de riesgo, como la diabetes, algunos tipos de cáncer y sobre todo las enfermedades cardiovasculares. Estas patologías son hoy en día reconocidas como enfermedades características de las sociedades de la abundancia y las principales causas de muerte en los países más ricos y también en las economías emergentes.

En España, entre 1980 y 2000 se produjo un aumento notable en la prevalencia de algunos de los factores de riesgo cardiovascular relacionados con la alimentación y estilos de vida. En tan solo 20 años se duplicaron el número de personas sedentarias, con hipertensión y con hipercolesterolemia y la obesidad infantil se ha multiplicado por 10 a nivel mundial en los últimos 40 años.

Debido a todo estos cambios, la cifra de fallecimientos por enfermedades hipertensivas hoy en día es un 90% mayor que hace 10 años. En los próximos 20 años se prevé un aumento de un 55% en los casos de diabetes tipo II.

Ya no es infrecuente ver a menores con hipertensión o hipercolesterolemia o jóvenes con diagnóstico de diabetes tipo II, cuando estas afecciones hace unas décadas se manifestaban habitualmente en edades más avanzadas.

Además, según datos publicados por la OMS en su Informe Mundial del Cáncer 2014, alrededor de 1/3 de las muertes por cáncer son debidas a los cinco factores evitables más importantes, incluyendo el tabaco, las infecciones, el alcohol, el sedentarismo y las dietas inadecuadas (insuficiente cantidad de frutas y verduras).

Así que no, nunca se ha comido así y aunque ya se están empezando a manifestar las consecuencias de este empeoramiento de hábitos, las mayores consecuencias están por llegar, en un futuro que plantea un escenario incierto.

No hay que ser alarmistas, pero sí hay que ser conscientes. Si no hay consciencia, el cambio no es posible y la inercia continuará.

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