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Mi peque no come: ¿Qué hago?

Ponemos un poco de luz a una de las consultas más frecuentes en nutrición infantil.

No hay que obligar a los niños a comer

iStock No hay que obligar a los niños a comer

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Todos los padres debemos saber que los menores de 1 año atraviesan la etapa de crecimiento más rápido de toda su vida (fuera del útero) ¿En qué otra edad recuerdas que hayas crecido 25 cm en un año y hayas cuadriplicado tu peso? Al estar en esa etapa de crecimiento acelerada, necesitan más energía para crecer y, por lo tanto, comen más cantidad.

Sin embargo, a partir del año de edad, aproximadamente, entran en una etapa de crecimiento mucho más lento, con lo que sus requerimientos energéticos se reducen, y, en consecuencia, comen menos.

¿Es normal que a los 16 meses coma menos cantidad que cuando tenía 9 meses? Sí, es totalmente normal, lo extraño es que no sea así.

¿Y si tiene más de 2 años?

Hay dos cuestiones que tenemos que valorar si creemos que come poco: ¿Está perdiendo peso? ¿Está cayendo de percentil progresivamente? Y, en caso negativo, ¿está creciendo en su curva (sea cual sea su percentil)? Si la respuesta es sí, es señal de que come la cantidad que necesita para crecer, que puede ser muy distinta entre diferentes niños y niñas. No es estándar.

En la infancia quienes pasan hambre no son quienes tienen comida a su alcance, ni deciden voluntariamente pasar hambre. Y si no tienen hambre, es que no necesitan comer en ese momento, ya que el hambre es un indicador de que hay una necesidad que cubrir.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

La preocupación debe aparecer cuando esa reducción de la ingesta o percepción de baja ingesta por parte de la familia se acompaña una pérdida de peso, una caída de su percentil habitual (el que sea) u otros signos que puedan visibilizar una enfermedad, como la pérdida de energía, los vómitos o las diarreas.

¿Y qué pasa si hay una enfermedad de base que haya propiciado que se les reduzca el apetito? En este caso, la solución es tratar su enfermedad, no forzarle a comer. Tras la recuperación, recuperará también su apetito.

En este caso su pediatra sí que tendrá que estudiar si hay algún problema de salud detrás de esa pérdida de peso, pero si su desarrollo es normal (y normal quiere decir que crece en su curva, sea cual sea su percentil), no hay motivo de preocupación.

Veamos un ejemplo: Imagínate que el motivo por el que come menos y está perdiendo peso es porque tiene algún problema digestivo sin diagnosticar. Si tu reacción ante esto es obligarle a comer más, y su problema está justo con lo que come, empeorarás su sintomatología digestiva. Lo correcto es hacerle las pruebas pertinentes para encontrar un diagnóstico y un tratamiento adecuado que haga que recupere el apetito y deje de perder peso.

Niña comiendo
Niña comiendo | Pexels

¿Y si tiene salud, pero come poco?

¿Cómo sabes qué cantidad necesita comer tu criatura en cada momento? Cada persona tiene necesidades diferentes, e incluso cada niña y cada niño ve variar sus necesidades energéticas cada día en función de muchos factores. A veces comen más cantidad en una comida y en otra menos. Otras, eligen alimentos de mayor densidad energética -y por eso comen menos cantidad-. También puede ocurrir que se hayan movido mucho menos ese día y, por lo tanto, han tenido menor gasto energético. Pretender que coman una cantidad predeterminada cada día en cada comida es lo que no es normal.

Lo que sucede habitualmente es que existe una tremenda distorsión entre lo que la criatura necesita comer realmente y lo que su familia considera que necesita. La cantidad que necesita comer en cada momento solo lo sabe él o ella.

Si nunca hemos interferido en su mecanismo hambre/saciedad y tienen salud, saben perfectamente cuánto tienen que comer en cada momento, atendiendo a sus señales innatas de autorregulación, que están mediadas hormonalmente, por lo que no es nada recomendable:

  • Utilizar técnicas de distracción para que coma (televisión, móvil, tablet, juguetes, “ahí viene el avión”, “ésta por mamá”…)
  • Obligarle a que se coma una determinada cantidad que fija una persona adulta.
  • Darle de comer a la boca.
  • Forzar la velocidad a la que come para que acabe más rápido a nuestra conveniencia.
  • Premiar con un alimento de bajo perfil nutricional (por ejemplo un dulce) si se acaba de comer el plato.
  • Reñirle o enfadarse a la hora de comer por la cantidad que come.
  • Prepararle una comida totalmente diferente a la del resto de la familia.

Preocúpate por la calidad de los alimentos que pones a su alcance, en lugar de por la cantidad. Cambia el foco de tu atención.

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