CUIDADO DE LA PIEL
Ni el sol ni la edad: cómo afectan los cambios bruscos de temperatura a tus manchas
El paso constante del frío al calor altera la microcirculación y puede despertar manchas dormidas. Expertas en dermocosmética explican cómo prevenirlas y tratarlas reforzando la barrera cutánea y frenando la inflamación.

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Entrar en una casa con calefacción después de estar a pocos grados en la calle, pasar del aire acondicionado al sol directo o alternar ducha caliente con ambiente frío. Son gestos cotidianos que apenas percibimos, pero que pueden tener un impacto directo en la piel, especialmente si existe tendencia a la hiperpigmentación.
Las llamadas manchas por contraste térmico no son tan conocidas como las solares, pero cada vez preocupan más en consulta. ¿El motivo? Actúan de forma silenciosa y acumulativa.
Cuando la piel se descoloca
La piel tiene memoria y no solo recuerda la exposición solar intensa, también reacciona ante agresiones menos evidentes. Los cambios bruscos de temperatura provocan un efecto continuo de vasodilatación y vasoconstricción que altera la microcirculación cutánea. Ese vaivén genera estrés en la piel y, cuando este se mantiene en el tiempo, puede derivar en inflamación de bajo grado.
Según explica Raquel González, cosmetóloga, en las pieles con tendencia a la pigmentación, esta inflamación —aunque no sea visible— activa los melanocitos, las células responsables de producir melanina. El resultado: manchas que se oscurecen, tono irregular y pequeñas hiperpigmentaciones que reaparecen sin una causa solar aparente.
No hace falta una quemadura ni una irritación evidente. Basta con que la piel perciba un entorno agresivo repetido para activar sus mecanismos de defensa.

El papel de la inflamación silenciosa
En los últimos años se habla mucho del inflammaging, ese envejecimiento asociado a una inflamación crónica de bajo grado. En el caso de la pigmentación, este fenómeno es clave.
Cuando la barrera cutánea se debilita por los contrastes térmicos constantes, la piel se vuelve más reactiva y menos capaz de autorregular la producción de melanina. Se deshidrata con mayor facilidad, pierde capacidad de defensa y responde exageradamente ante estímulos externos.
Por eso, las manchas asociadas al contraste térmico no deben abordarse solo con despigmentantes clásicos. Antes hay que equilibrar.
Cómo tratar las manchas por contraste térmico
La estrategia, según las expertas dermocosméticas, pasa por tres pasos fundamentales:
- 1. Calmar antes de aclarar
En lugar de empezar directamente con activos despigmentantes potentes, conviene reducir la inflamación y reforzar la barrera cutánea. Ingredientes como la niacinamida, los péptidos, las ceramidas o los activos antiinflamatorios ayudan a estabilizar la piel.
Un ejemplo es una crema rica en omegas y adaptógenos como el shiitake, formulada para ayudar a la piel a gestionar el estrés ambiental y reforzar sus defensas naturales. Otra crema que ayuda a calmar son aquellas que combinan niacinamida, péptidos y zinc para equilibrar y mejorar la luminosidad del rostro.

- 2. Introducir antioxidantes estratégicos
La vitamina C por la mañana es clave para proteger frente al estrés oxidativo y mejorar el tono. En zonas delicadas como la ojera, donde la pigmentación también puede intensificarse, los parches de ojos con componentes similares o incluso algunos específicos contra la pigmentación, ayudan a iluminar y descongestionar gracias a su complejo despigmentante y antioxidante.
- 3. Reforzar desde dentro
La inflamación también está vinculada al estado nutricional. Suplementos ricos en antioxidantes, omega-3 y vitaminas pueden contribuir a una respuesta cutánea más equilibrada frente al estrés térmico. Las cremas hidratantes que combinan ácido hialurónico, ceramidas y ácidos grasos, son esenciales para apoyar la hidratación y resistencia de la piel desde el interior.
El gesto que marca la diferencia
Más allá de los tratamientos, la prevención es clave:
- Evitar cambios bruscos extremos, por ejemplo, acercarse directamente a fuentes de calor intenso tras el frío.
- Usar protección solar todo el año, incluso en invierno.
- Apostar por rutinas que fortalezcan la barrera cutánea.
- Mantener la piel bien hidratada para mejorar su capacidad de adaptación.
Porque sí, el sol sigue siendo uno de los grandes responsables de la hiperpigmentación, pero no es el único. El frío y el calor, cuando se alternan sin tregua, también pueden convertirse en enemigos invisibles de la uniformidad del tono. La buena noticia es que, entendiendo el origen del problema, la piel puede volver a recuperar su equilibrio.
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