Poliamor

El poliamor, ¿un riesgo para las parejas?

Parejas abiertas, poliamor, ¿felices los cuatro? … Parece que el que no pone un adjetivo a su relación no está de moda. Pero, ¿qué hay de verdad en esto? Realmente, ¿los nuevos tiempos están cambiando las formas tradicionales de relacionarnos en pareja?

El poliamor, ¿un riesgo para las parejas?

Publicidad

Últimamente, estamos oyendo cada vez con más frecuencia la irrupción de nuevas formas de comunicarnos en el amor bastante sorprendentes. Por ejemplo, nos hablan del poliamor, una práctica basada en amar a varias personas a la vez de forma consensuada y no-posesiva. Pero, esta forma de amar, ¿es una alternativa a la pareja tradicional? Realmente comprende más que eso, ya que el poliamor es un estilo de vida, es una filosofía, una forma de entenderlas relaciones y la familia, en definitiva al ser humano, totalmente distinta al amor romántico y al vínculo amor-sexo.

El poliamor no es una alternativa a la monogamia, es un universo paralelo en las relaciones de pareja. Poliamorosos han existido siempre…, esas personas que van de una relación a otra, que se enamoran de éste pero se ilusionan con el otro, que se cansan al poco tiempo, que no conocen el sustantivo fidelidad… igual queridos lectores, no son tan infrecuentes en nuestra sociedad y tampoco se trata de una moda del siglo XXI.

Cuando hablan de amor pero quieren decir sexo

En la sociedad actual la tecnología ha acentuado que la práctica de la sexualidad no esté unida exclusivamente al amor. Tenemos desde aplicaciones para 'sexo gratis', aunque las disfracen de amor, hasta sexo virtual o muñecas robotizadas…, todo ello mientras sigue muy vigente la profesión más antigua del mundo, ahora con acento inglés (scort).

Y eso lo hemos trasladado al mundo de la pareja. Hay cónyuges que distinguen entre sexo por amor y sexo por juego. Así 'hacer el amor' toma su sentido de hacerlo de verdad en la pareja, mientras que cuando lo hacen con otras parejas o se intercambian cónyuges es el lado lúdico de su sexualidad.

Todo es respetable mientras sea consensuado y consentido, a no ser que, como me contaba aquel cliente swinger en la consulta sobre sus intercambios de pareja…"realmente, no disfrutaba, no podía soportar verla con otra persona, lo hacía por ella, para que disfrutara, para que se sintiera plena conmigo…aunque al final decidiera dejarme por el otro".

Cuando uno es soledad y dos o tres no son multitud

Y, por último, nos encontramos a los que tienen una pareja, pero eso no es obstáculo para que busquen el sexo fuera, en solitario pero en grupo: gang bang, bukkake, dogging… Son prácticas con desconocidos o grupos constituidos donde lo que prima es el sexo por el sexo. El amor lo dejamos en casa.

Abriendo la monogamia sin dejarla de lado

Todo lo expuesto no nos presenta una nueva concepción de la pareja, porque para estas personas el amor, el respeto e incluso la fidelidad con su pareja también son la base en su relación. Sin embargo, esos conceptos tienen un valor por debajo del sentido de pertenencia, el disfrute sexual, el respeto a la individualidad e independencia, que sobresalen como dominantes. Ellos hablan de querer de verdad, de elección y de autenticidad y desean una conexión en pareja pero sin desconexión con el resto. No se rebelan contra el compromiso sino que eligen llevarlo a cabo de la manera más realista para ellos.

En la pareja tradicional, la infidelidad causa estragos, ya sean infidelidades temporales, de desahogo o de deseo oculto… En común tienen que están vacías de amor. Vidas destrozadas después de años de convivencia o familias deshechas donde a veces los niños son los principales pagadores.

Si la pareja dibuja desde el principio los contornos de su relación, fijando unos límites aceptados por las dos partes y disfrutan, además, de una comunicación sincera y sin prejuicios, entonces la infidelidad no tendrá cabida.

Por tanto, las parejas abiertas no son sinónimo de poligamia o ruptura del compromiso marital. Mientras la relación esté basada en la honestidad y la comunicación, la apertura a terceras personas no entraña ningún peligro y pueden ser matrimonios tan estables y felices como los que consideramos tradicionales.

Alicia López Losantos, psicóloga y coach.