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HACKER INFORMÁTICO

De pirata a experto en ciberseguridad

Luis Ángel Fernández es un hacker informático, pero es un “hacker bueno”. Comenzó, como la mayoría de las personas de ese mundo, jugando, destripando los programas informáticos de sus juegos para trucarlos. Poco a poco, fue entrando en una actividad que le ha llevado a colaborar con las Fuerzas de Seguridad para combatir a ciberdelincuentes. Él ha contado su historia a los reporteros del programa especial noticias “Jaque en la red”.

antena3.com | Madrid
| 17.01.2018 12:14

“Todo empezó cuando mi tío me regaló un ordenador que tenía las teclas de goma. Yo tenía 6 años y era hijo único, entonces no había nada más divertido que aporrear ese teclado (…) Hasta que te das cuenta de que el juego es un conjunto de secuencias que puedes manipular para conseguir vidas infinitas o conseguir armas infinitas o traspasar paredes o hacer hacks sobre el juego, manipularlo en tu beneficio. (…) A partir de ahí ya empieza tu vida en el hack, en la manipulación de lo que todo sea digital”.

“En aquellos años no existían las comunicaciones, no había internet. Estar conectado en aquel tiempo suponía hacer una llamada de teléfono a un número local y aquello costaba dinero. Un día llegó una factura a casa que era prácticamente el sueldo del mes de mi padre. Entonces la bronca fue monumental claro. Entonces el siguiente hack fue una necesidad, el reto ya no era hackear juegos, lo que buscaba era hackear el sistema de comunicaciones para conectar gratis, sin más intención que seguir llamando a más computadores y recibir datos remotos. Es entonces cuando empiezas a investigar, empiezas a hacer pruebas hasta que un día consigues conectarte de forma gratuita, y cuando te das cuenta ya estás dentro del fregado, estás hackeando sin saberlo”.

“No teníamos conciencia de que todo esto que hacíamos eran delitos; creíamos que eran travesuras; sabíamos que no debíamos hacerlo, pero no lo teníamos asociado al delito, y únicamente tratábamos de competir entre nosotros. Y así, poco a poco vas moviéndote en ese pequeño underground en el que vas buscando conexiones, te van contactando empresas, y lo que antes era un hobby se convirtió en tu vida profesional. Lo que ocurre es que te has convertido en un experto en seguridad; sin saberlo tienes un oficio”.

“Recuerdo un día que estaba trabajando en una empresa y vinieron dos guardias civiles a buscarme. Buscaban colaboradores para utilizarnos en lo que ellos llaman operaciones. Estaba muy nervioso, muy asustado pero, al mismo tiempo, estaba supersatisfecho. Y a partir de ese momento empezó una nueva línea de actividad, de colaboración con las Fuerzas de Seguridad del Estado. Te pedían entrar, te daban cuentas de correo y bueno tu tenías que intentar entrar sino entrabas no pasaba nada pero claro era tu reto. Tu tenías que entrar, no ibas a decirles que no”.

“Lógicamente no podías decirle a nadie lo que estabas haciendo, ni a los de tu grupo, ni a tus amigos, ni a tu pareja, ni a tu familia. Es una actividad que te atrae, pero cuando estás dentro de das cuenta de todo lo que dejas atrás (...) Sin darme cuenta había soltado toda mi vida anterior. Amistades, tipo de vida y todo esto. Cuando te das cuenta estás fuera

Hay un momento en el que te das cuenta de que sacas más beneficio y menos problemas dejando de hacer actividades ilegales y focalizándote en tu actividad profesional porque ya existe la ciberseguridad”.

“Hay una disciplina que es la ingeniería social que se basa en tratar de engañar a alguien para conseguir sus secretos, para conseguir el acceso a un sistema. (…) Tienes dos formas de acceder a la información de un edificio. Una es hackeando sus sistemas de seguridad o haciéndote pasar por el señor de la limpieza y entrando por la puerta con un mocho y un mono. Ahora es más fácil acceder a tu cuenta bancaria por internet que entrando, físicamente, en un banco, y sobre todo es menos arriesgado”.

“El gran problema es que en internet es imposible atribuir un delito a una persona. Internet no provee los mecanismos técnicos para atribuir el delito al delincuente. Si el delincuente sabe hacerlo, y es bien sencillo, es absolutamente anónimo”.

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