El hielo marino del océano Ártico podría desaparecer por completo cada verano hasta septiembre si el promedio de las temperaturas globales aumentan dos grados en comparación con el de la era preindustrial, un objetivo a evitar que aparece recogido en el Acuerdo de París para evitar efectos perniciosos del cambio climático. Así se recoge en un estudio realizado por seis investigadores pertenecientes a instituciones de Australia, Corea del Sur y Estados Unidos, y publicado en la revista 'Nature Communications'. "El objetivo es la sensibilidad del hielo marino a la temperatura", apunta Won Chang, coautor del estudio y profesor asistente de matemáticas de la Universidad de Cincinnati (Estados Unidos).

El estudio indica que el hielo en el ártico podría desparecer completamente en los meses de septiembre con tan sólo dos grados centígrados de calentamiento global desde los niveles preindustriales. Limitar el calentamiento a dos grados es el objetivo declarado del Acuerdo de París de 2015, un tratado internacional que persigue frenar las emisiones de gases de efecto invernadero. "Lo más probable es que el hielo marino del Ártico en septiembre desaparezca efectivamente entre aproximadamente 2 y 2,5 grados de calentamiento global. Sin embargo, limitar el calentamiento a 1,5 grados puede no ser suficiente para evitar un océano Ártico sin hielo", concluye el estudio.

El deshielo podría tener consecuencias catastróficas para la biodiversidad

Históricamente, septiembre es el mes en el que se observa la menor capa anual de hielo en el Ártico y supone un periodo de transición entre el verano y el invierno en esa zona del planeta. "El hielo retrocede de junio a septiembre y luego, en septiembre, comienza a crecer nuevamente en un ciclo estacional. Y estamos diciendo que no podríamos tener hielo en septiembre", advierte Chang. Cuanto menos hielo tenga el Ártico en verano, más tiempo tardará ese océano en volver a congelarse durante el invierno polar. Ello podría suponer malas noticias para la vida silvestre de la región, como focas y osos polares que dependen del hielo marino para criar y cazar, respectivamente.

Los investigadores aplicaron un nuevo método estadístico a las proyecciones del modelo climático del siglo XXI. Utilizando los modelos climáticos, los autores encontraron al menos un 6% de probabilidad de que el hielo marino del verano en el Ártico desaparezca con un calentamiento de 1,5 grados por encima de los niveles preindustriales, probabilidad que aumenta al 28% a 2ºC. "Nuestro trabajo proporciona un nuevo marco estadístico y matemático para calcular el cambio climático y las probabilidades de impacto", recalca Jason Evans, profesor del Centro de Investigación sobre el Cambio Climático de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia). Roman Olson, del Instituto de Ciencias Básicas de Corea del Sur, apunta que la técnica del estudio podría aplicarse a otros campos como las predicciones del mercado de valores, las investigaciones de accidentes de avión o la investigación médica.

La pérdida de permafrost en el Ártico acelera el calentamiento global

Este mismo jueves otra investigación alertaba de las catastróficas consecuencias del deshielo en el ártico. Según una investigación que publica la revista Nature Communications, el carbono emitido a la atmósfera por la pérdida del permafrost -capa del suelo permanentemente congelada- en el Ártico, junto al incremento de la absorción de la radiación solar por la superficie terrestre, acelerarán el calentamiento global y aumentarán los costes a largo plazo asociados a la crisis climática. Esta es la principal conclusión de una investigación que publica la revista Nature Communications liderada por científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). De acuerdo con este trabajo, una combinación de estos factores aumentará a largo plazo los costes económicos en cerca de 70 billones de dólares (63 billones de euros), un 5 por ciento del coste total estimado, informa el CSIC en una nota de prensa.

Los investigadores exploraron simulaciones de modelos físicos complejos para cuantificar, por un lado, el carbono que vuelve a la atmósfera como consecuencia del derretimiento del permafrost. Y por otro, la energía solar extra que es absorbida por la superficie terrestre mientras se reduce el hielo marino y la cobertura de nieve, lo que provoca océanos y tierra más oscuros. Todos los escenarios analizados por los científicos llevan a un aumento del coste total de la emergencia climática, un gasto que se deriva de los esfuerzos que se llevarán a cabo para cortar las emisiones y adaptarse a las nuevas situaciones climáticas, entre otros factores. Los impactos derivados del aumento de las temperaturas se reflejarán en la economía, en los ecosistemas y en la salud humana, así como en el aumento del nivel del mar, según los autores de este estudio. Los científicos esperan que sus investigaciones sirvan para entender mejor cuáles son los riesgos socioeconómicos que implica la crisis climática en función de diferentes escenarios y ayudar a los agentes políticos a tomar decisiones adecuadas.

El calor de julio provoca que el hielo del Ártico se encuentre en mínimos históricos

El pasado julio fue el mes con las temperaturas más elevadas registradas en el planeta en los últimos 140 años, ha informado este jueves la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés). Según los científicos de la institución gubernamental, durante el mes de julio la media global de las temperaturas fue 0,95 grados centígrados superiores al promedio de todo el siglo XX, que fue de 15,77 grados. En su informe, la NOAA recuerda que nueve de los meses de julio más calurosos de la historia se han registrado desde 2005, siendo los de los últimos cinco años los que han tenido temperaturas mayores. El calor sin precedentes el pasado julio ha hecho que se redujera el hielo del mar en el Ártico y la Antártida a mínimos históricos. El hielo del mar en el Ártico batió un récord en julio, al situarse un 19,8 % por debajo del promedio, mientras que el de la Antártida cubrió un 4,3 % menos de superficie que entre 1981 y 2010, siendo esta cobertura la más baja en un mes de julio en los 41 años que se toman registros.