Urna de las elecciones

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ESPAÑA, UN PAÍS 'ELECTORAL'

Las siete diferencias entre las elecciones del 28A y las del 10N

Cuatro elecciones en cuatro años convierten a España en un país hastiado de las urnas. Aunque no lo parezca, han cambiado muchas cosas desde las pasadas elecciones del 28 de abril a las próximas del 10 de noviembre.

Los españoles están llamados a votar apenas seis meses después de las últimas elecciones generales y podría pensarse que en tan poco tiempo casi nada ha cambiado; no obstante, como en el pasatiempo, no es difícil encontrar siete importantes diferencias entre las dos citas con las urnas.

1. De la movilización al riesgo de abstención

La participación en las elecciones generales del 28 de abril rondó el 76 por ciento, fue la sexta más alta de la democracia y aumentó en nueve puntos respecto a las de 2016. La izquierda se movilizó para frenar la anunciada irrupción de la extrema derecha, mientras que los votantes de derechas, con más opciones por la llegada de Vox y con la pujanza de Ciudadanos, también fueron masivamente a las urnas.

Ahora, seis meses después, se habla de hartazgo político, de saturación y hasta de "cabreo", y las empresas demoscópicas señalan como principal riesgo de la repetición electoral la abstención, que la mayoría de ellas sitúan en la izquierda.

Iglesias y Sánchez, cara a cara
Iglesias y Sánchez, cara a cara | antena3noticias.com

2. De "PSOE y Podemos" a "PSOE o Podemos"

Y es que el fracaso de las negociaciones entre PSOE y Podemos para fraguar una mayoría de gobierno va a estar muy presente en esta campaña y condiciona la forma en la que la izquierda afronta estos comicios. En la campaña de las elecciones del 28 de abril parecía existir un acuerdo tácito entre ambos partidos que llegaban como aliados tras unos meses de colaborar en el Gobierno que surgió de la moción de censura y con un objetivo común: frenar a la extrema derecha.

Se daba por hecho que llegarían a un acuerdo si sumaban una mayoría tras los comicios y, como ejemplo, en los debates, el tono de cordialidad era palpable entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Pero el acuerdo no llegó y durante estos meses se ha puesto de manifiesto la desconfianza entre ambas fuerzas políticas, especialmente entre sus líderes, y ha habido gestos inamistosos y hasta palabras gruesas.

Casi con la certeza de que están condenados a entenderse si quieren un gobierno de izquierdas tras las elecciones, PSOE y Podemos tendrán primero que competir en las urnas para definir sus posiciones de partida si es que toca volver a negociar.

3. De la fragmentación del voto a la añoranza del bipartidismo

Los sondeos dicen que en esa pugna son los socialistas quienes tienen las de ganar y que pueden crecer a costa de Podemos. En general, las elecciones del 28 de abril consagraron la fragmentación del voto y a la "nueva política", con Podemos que bajó -pero menos de lo esperado-, Ciudadanos disputando abiertamente al PP la hegemonía de la derecha, y, sobre todo, con la anunciada aparición de Vox, un quinto jugador en el tablero político. La tendencia parece haber cambiado ahora ya que muchos españoles responsabilizan a esa dispersión del voto del bloqueo. La nueva política no está aportando las soluciones que se esperaban y hay cierta añoranza del bipartidismo. Así al menos se percibe en las respuestas a las encuestas, que apuntan a que PSOE y PP son las dos únicas opciones políticas que pueden crecer en las elecciones de noviembre.

Albert Rivera y Pablo Iglesias en el Congreso
Albert Rivera y Pablo Iglesias en el Congreso | Twitter @oscar_puente

4. De hablar de "derechos sociales" a centrarse en el relato

En la campaña del 28 de abril, un partido extraparlamentario como Vox consiguió marcar la agenda y que se hablara de las cuestiones que proponían respecto a inmigración, mujer, seguridad, unidad de España...

La reacción de la izquierda apostando por frenar un posible retroceso centró en gran medida el debate en los derechos sociales. La repetición de las elecciones es la constatación de un fracaso y, por eso, los discursos políticos que están empezando a escucharse en esta precampaña se centran en responsabilizar al otro de ese fracaso; es la pugna por "el relato" que amenaza con dejar al margen asuntos como el "brexit" o la desaceleración económica.

Y todo ello a la espera de la sentencia del "procés" que, con casi toda seguridad, devolverá Cataluña al centro del debate político y condicionará las estrategias de unos y de otros.

5. Del paréntesis en el 'procés' a mirar de nuevo a Cataluña

En los días previos al 28 de abril, el juicio del "procés" había entrado en una especie de valle ya que las comparecencias de mandos policiales, antidisturbios y mossos resultaron menos mediáticas que las de las primeras semanas, con políticos y acusados llevando el protagonismo. Esos tiempos judiciales permitieron que la campaña electoral se alejara, al menos momentáneamente, de Cataluña y el independentismo, cosa que en esta ocasión resultará imposible, ya que la sentencia se espera para la primera quincena de octubre. La situación política en Cataluña volverá a primer plano de la actualidad con las reacciones a una más que previsible sentencia condenatoria a los líderes del "procés".

El líder de ERC, Oriol Junqueras
El líder de ERC, Oriol Junqueras | EFE

6. De la anunciada llegada de Vox a minimizar su peso

Cataluña se ha convertido en un tema incómodo para el PSOE, al que PP, Ciudadanos y Vox acusan insistentemente de ser demasiado condescendiente con los independentistas a cambio de su posible apoyo. En las elecciones de abril, Vox -acusación particular en el juicio del "procés"- hizo bandera de la unidad de España y de la tibieza de los partidos mayoritarios con las pretensiones independentistas. Esa posición, como la que mantenían respecto a otras cuestiones sociales, condicionó a PP y Ciudadanos, temerosos de perder votos por el flanco derecho.

Y es que se daba por hecho que Vox entraría en el Parlamento como el quinto en discordia y las encuestas incluso vaticinaban que esa entrada sería más abrumadora que los 24 diputados que finalmente consiguió el partido de Santiago Abascal. Para estos nuevos comicios ya se conoce cuál es la fuerza real de Vox y el electorado ha empezado a acostumbrarse a la presencia de sus dirigentes en las instituciones, especialmente tras el papel protagonista que han jugado con PP y Ciudadanos en ayuntamientos y comunidades autónomas. Las encuestas dicen que este partido cotiza a la baja para el 10 de noviembre.

El presidente de Vox, Santiago Abascal
El presidente de Vox, Santiago Abascal | EFE

7. De 'Más Madrid' a 'Más Errejón'

Es la última de las grandes diferencias entre las dos citas electorales. Los analistas políticos llevan tiempo especulando con el momento en el que Íñigo Errejón, fundador de Podemos, daría el salto de vuelta a la política nacional con su propio partido. El primer paso fue Más Madrid, junto a Manuela Carmena, pero ahora se confirma que esta formación política u otra con similares integrantes se presentará a las generales en varias circunscripciones, en algunas de ellas de la mano de antiguas confluencias de Podemos. Unos dicen que sumará votos para la izquierda, los más, que contribuirá a una división aún más profunda de esa parte del espectro político. En cualquier caso, competirá directamente con Pablo Iglesias haciendo de las elecciones del 10 de noviembre una especie de "Vistalegre III".

Íñigo Errejón, en la Asamblea de Madrid
Íñigo Errejón, en la Asamblea de Madrid | EFE

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