"Dicen que uno aprende a perdonar, pero creo que nunca se llega a aprender a olvidar". Así ha comenzado a hablar Hurtado, recordando el momento en el que tuvieron que decir adiós a Dani Jarque, su compañero y capitán en el Espayol.

"Recordar aquel día en que volvíamos de dar un paseo por la preciosa Florencia. Tú te habías quedado en la habitación, cansado. Extraño en ti. Recién llegado, recibo una llamada alarmante de Coro, desde la ciudad, sobre algo que no funciona en tu habitación", ha explicado Hurtado. "Le había avisado Jessica".

Nadie contestaba a la puerta, por lo que Moisés tuvo que bajar corriendo a recepción a pedir una llave: "Una sensación extraña de no querer llegar nunca a esa habitación se apoderó de mi, pero a la vez estaba dándome prisa por llegar. No sabía qué estaba pasando, pero no estaba preparado para abrir aquella puerta y encontrarme lo que nunca me tuve que encontrar", continúa.

Además, ha recordado al médico del momento, Miquel Cervera, quien no cabía de su asombro y no paraba de repetir "no me hagas esto Dani". "Era más una petición que una orden... era casi un ruego", recuerda el ahora entrenador del Juvenil B.

"No nos podías dejar grabada aquella imagen, recostado en la cama, para el resto de nuestras vidas...(...) Nosotros no queríamos al eterno capitán, ni al central de ensueño que todos sabíamos que ibas a ser, simplemente queríamos seguir viéndote rabiar a la pocha cuando perdías, oírte cantar por el barrio (muy mal, por cierto), ir a pescar o, simplemente, tomarte algo tranquilo cuando acababan los partidos y hablar de las tonterías que aquel día se le ocurrieran a cualquiera de nosotros", finalizó.