Música

Un concierto en el salón de casa

Algunas salas madrileñas como el Café Berlín o la Clamores han vuelto a programar música en directo. Otras, como la Galileo Galilei o el Honky Tonk anuncian que reabren en junio. Vuelve la vida a los pequeños santuarios de la música en vivo. A ellos se une la coctelería José Alfredo, con una propuesta íntima para veinte personas.

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Algunos se sienten más cómodos en un bar que en su propia casa. No estoy entre ellos, pero si hablamos del José Alfredo, los entiendo. Una clásica barra inglesa de madera, mármol y cuero acolchado te da la bienvenida. Manuel, el barman, te prepara un Tinto Latino, con vino, pisco, jengibre y puré de frambuesa.

Si esa barra -ahora solo ornamental por la normativa coronavirus- hablara, te contaría que en ella se han apoyado los más canallas -o aspirantes a serlo- de Madrid, los más pijos, famosos de medio pelo, políticos de todos los colores, miembros de la realeza… Lo que viene a ser la clientela más ecléctica del centro.

Este jueves el José Alfredo tiene aforo completo. Está renaciendo y como novedad programa conciertos acústicos. Canta la alicantina Blanca Paloma acompañada por la guitarra argentina de Abel Calzetta. "Vamos a hacer un repertorio para llevaros de viaje desde el Río de la Plata al Mediterráneo", me avanza Calzetta. Blanca llega en bici: "Yo empecé cantando en las sobremesas de casa, así que lo íntimo es lo que más me gusta". La coctelería de asientos aterciopelados que antes abrigaba hasta setenta fieles, ahora solo puede acoger veintidós.

No hay micrófono, ni amplificadores. La voz a capella de Blanca lo acaricia todo, naturalmente sincera. Me trasporta a un futuro en el que aquellas noches en las que Madrid no fue Madrid son solo una batallita que aburre a mis nietos.

Más información en Instagram en @gabrielafresan

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