El festival Vida se consolida como una apuesta firme por el indie-rock con ligero acento British y por combinar grandes nombres de la escena internacional  –como el caso, en esta edición, de los escoceses Primal Scream–, con otros menos conocidos pero emergentes (un buen ejemplo son los The War on Drugs, que tocaron el viernes, o el cantautor estadounidense Andrew Bird, el sábado) y una buena selección de grupos nacionales entre los que destacan, entre otros, Nacho Vegas, Nuria Graham, Joan Miquel Oliver, Grupo de expertos Sol y Nieve o Modelo de respuesta polar.

Todo ello, en un festival bien montado, cómodo, en un entorno romántico y bonito, kids-friendly de verdad y no sólo de boquilla, con espacios bien habilitados para comer y con un bosque decorado con muy buen gusto del que parecía que iban a emerger en cualquier momento Hansel y Gretel.

El calor asfixiante durante las cuatro jornadas marcó, sin duda, el transcurso de un festival perfectamente pensado, en que todos los escenarios de la Masia estaban lo suficientemente cerca para permitir a los asistentes ver todos los conciertos, en su mayoría de una hora escasa, sin que apenas se solapasen y sin tener que correr.

Mención especial merece el pequeño escenario llamado El Vaixell, un alegre barquito de madera azul coronado por unos pececillos colgados del techo, que dio lugar a conciertos de pequeño formato como el de un Nacho Vegas en manga larga, el sábado, algo desangelado pese a su 'Viva Grecia', un hombre cuya esencia se daba de bruces con el lema que coronaba el barco, en grandes letras blancas: Mediterràniament. Por allí también pasaron Xoel López, Núria Graham o Neal Halstead, quien pese a ser muy respetado por estas tierras no consiguió acabar, el viernes, con cierta apatía por parte del personal. Un sopor que sólo se atenuó con The War on Drugs y Super Furry Animals, y que finalizó de un plumazo el sábado, probablemente, si es que hemos de buscar un momento crucial, con la brillante actuación de Father John Misty, que ofició uno de los mejores conciertos del Vida.

Josh Tillman, batería de los Fleat Foxes y nuevo icono sexual-musical del indie-folk contemporáneo, con dos discos a sus espaldas ('Fear Fun' e 'I love you Honeybear'), consiguió levantar un ánimo que andaba algo apagado a causa del calor, y de unos precedentes Nacho Vegas y Andrew Bird correctos pero introspectivos, y a partir de ahí todo fue alegría. Tillman se plantó en el escenario Estrella Damm desbordando carisma, regalando chistes y moviendo a tope las caderas, para bordar un concierto en el que tocó de principio a fin su fabuloso 'I Love You Honeybear', un trabajo que relata su historia de amor con su actual mujer, con sus luces y sus sombras, sus agonías, sus certezas, sus miedos, su desasosiego y sus subidones... Estados emocionales que fueron desfilando uno a uno, en un despliegue de inteligencia y sensibilidad, por el escenario del Vida en poco más de una hora, y que Tillman supo plasmar muy bien en un directo frenético, bailón, el pistoletazo de salida perfecto, Woods mediante, para dar paso a unos Primal Scream que apostaron por un concierto previsible pero impecable en cuya parte final se sucedieron sin descanso todos los hits de la banda hasta volver literalmente loco al personal: una sucesión de cabezas que se vienieron arriba a la vez mientras bailoteaban así, del tirón, 'Country Girl', 'Loaded', Movin' on up' y 'Rocks' bajo una luna llenísima e inquietante.

Tras ellos, a Guille Milkyway no le tembló el pulso a la hora de pinchar temas de Sonia y Selena, y los Indies Cabreados pusieron punto y final a la noche del sábado con una sesión bastante heterogénea de hits de indie-rock.

Pero vayamos al viernes. Pese a que la presencia de los Super Furry Animals era de lo más esperado de la noche, lo cierto es que los galeses fueron rápidamente eclipsados por la sensualidad de The War on Drugs, tal vez la banda que generaba más expectativas. Y es que en sus mejores momentos, Adam Ganduciel es capaz de plasmar con sus canciones sensaciones tan evanescentes como la soledad y el desamor, en forma de un rock con sello inconfudiblemente americano, singular y brillante, que a ratos nos recuerda a Dylan, otros a Wilco y otros a Springsteen pero que nunca deja de ser The War on Drugs, y que nos demuestra que, pese a que ya lo dábamos todo por perdido, aún nos quedan rincones por explorar, cosas nuevas por descubrir y sentir, en el rock con sello anglo.

Durante todos los días se sucedieron también los conciertos en el escenario de La Daurada Beach Club, en la playa, con bandas como Hidrogenesse, Les Sueques o Modelo de respuesta polar, pero unos amenazantes 38 grados lograron disuadir a buena parte del personal.