Ni sobre pizarra ni sobre madera ni sobre sartencitas

Ni sobre pizarra ni sobre madera ni sobre sartencitas

'We want plates', una cruzada para reclamar que la comida se sirva... sobre plato

Entras en un gastrobar. Pides un par de tapas. Una viene sobre un trozo de madera y otra sobre una cartulina. Bienvenido al universo 'foodie' en el que los platos no tiene lugar. Ross McGinnes, un británico, ha creado la web Wewantplates para acabar con esta moda: ya tiene 75.000 seguidores en redes sociales.

Corre, corre, caballito... ¡y traéme ya esos malditos nachos!
Corre, corre, caballito... ¡y traéme ya esos malditos nachos! | We want plates

En el 'boom' gastronómico, todos han salido favorecidos: los chefs, los comensales (que ahora tienen más dónde elegir), los interioristas de restaurantes (que ahora tienen más curro...). ¿Todos? ¡No! ¡Todos no! Las fábricas de vajillas tiemblan ante la obsesión de los cocineros por presentar sus creaciones sobre cualquier cosa menos un plato. Ross McGinnes, un profesional de los medios digitales británicos, ha creado una web wewantplates.com para denunciar que la comida se sirve ya en cualquier cosa. Y lo está petando: 75.000 seguidores acumula ya en redes sociales. Somos fans y hemos establecido una clasificación en base a los distintos soportes sobre los que se pone la comida. Echaréis de menos a uno que antes estaba en todas las mesas: lo que viene a ser el plato de toda la vida...

El plato del carpintero. Ey, la madera se ha hecho fuerte en los restaurantes. No hay más que verla, omnipresente en mesas, sillas, barras, paneles, etc. Es como si los carpinteros manejaran ahora los hilos de cualquier sitio de comer que se precie. Es más: también controlan la vajilla. Cada día, millones de creaciones gastronómicas llegan a la mesa sobre tablas de cortar, bandejas de roble o incluso... ¡tablas de monopatín! Imaginamos que sin usar. O no. La Amazonia tiembla.

La pizarrita mágica. Lo de la sustitución de las pizarras por pantallas virtuales en los colegios tenía que tener consecuencias. ¿Dónde se han ido las pizarritas? A los restaurantes. El color negro actúa como un reclamo irresistible para los cocineros, que no dudan en servir cualquier cosa sobre ellas. Una hamburguesa, pro ejemplo. Y si es de color rojo, pues mucho mejor, claro está.

Heavy metal. Los soportes metálicos se han convertido en una forma como cualquier otra de arrancar una sonrisa al comensal y motivarle para sacar el móvil. Desde latas de conserva hasta minifreidoras (taaaaan cuquiiissss), pasando por los minicarritos de la compra, que no solo pueden llevar, rodando graciosamente, patatas fritas en ellos. También son susceptibles de acarrerar empanadillas. ¿A qué mola?

Las sartencitas. O los sartenones. Porque aquí entramos en un territorio en el que parece que el chef quiere dar a entender al comensal que ni se ha molestado en pasar la comida a un plato. Es decir, que le echa de comer directamente. Las pequeñas sartenes pueden tener un punto, pero cuando parece que nos ponen encima de la mesa una pala de jardinería, la cosa cambia. Demonios, vaya si cambia.

Viva el cristal. La invasión de los tarros de conserva supuestamente reutilizados es inexorable. Cualquier día se colarán en tu cocina y, sin darte cuenta, acabrás sirviendo las lentejas en ellos. De momento, han iniciado su marcha para dominar el mundo en los restaurantes de moda. Son especialistas en albergar ensalasadas. Y son muy incómodos. También hemos visto gin tonics encerrados en ellos.

Dame un papelillo. Esto nos emociona mucho. Sobre todo, porque con la cacareada crisis del papel, toparse con unas patatas fritas sobre un periódico de coña tiene su guasa. A veces, incluso nos da por leerlo. Suele tener impresa la carta, aunque a veces hay fantasías editoriales que ríete tú del loren ipsum. O del chiquito ipsum.

Extravaganza. Fantasía. Locura. El Circo del Sol aterrizando en tu mesa. Hoy en día podemos encontrarnos comidas servidas en casi cualquier cosa: latas de bebida, cubos de playa, abrevaderos equinos... Viva la sorpresa, demonios. Da igual que luego no nos apañemos para comérnosolo, lo que mola es epatar al comensal. Y si no, mira de nuevo la foto que abre este post.

 

Javier Sánchez | @srjaviersanchez | Madrid | 26/06/2015

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