DESCUBRE QUÉ HÁBITOS TE HAN LLEVADO A ESTA SITUACIÓN

DESCUBRE QUÉ HÁBITOS TE HAN LLEVADO A ESTA SITUACIÓN

No estás gordo... ¡Estás hinchado!

La rentención de líquidos, especialmente en ciertas partes de nuestra anatomía que suelen ser precisamente las que menos nos interesan, es un problema que afecta a miles de personas. Nos viene a la cabeza José Coronado comentando los pormenores de esta problemática con un grupo de treintañeras, o Carmen Machi sufriendo ante la perspectiva de ponerse el bikini. ¿A ti también te pasa? ¿Y sabes por qué?

gordo
¿Quién se atreve a decir que esto pasa por comer? | Cocinatis

Toda una vida creyendo que estabas gordo, sometiéndote a dietas terroríficas, pasando hambre mientras tus colegas delgados le daban a la croqueta, y resulta que el problema es que estabas hinchado. Ellos, los delgados, se reirán cuando matices la terminología, pero no les hagas caso. Ven la vida desde el prisma de alguien que jamás ha visto cómo le reventaba un botón del pantalón, cosa que, desde luego, da lugar a una perspectiva existencial mucho menos rica. Tú estás hinchado, que no gordo, y lo estás por diversos motivos que suelen tener que ver con algunos hábitos que arrastras desde hace tiempo y que no eres consciente de que fueron ellos los que provocaron que te quedasen sin cintura. Aquí te damos diez motivos a los que probablemente debas tu figura.

1- No vas al baño a diario. Mucha gente vive con ello sin darle importancia. "Yo voy cada dos o tres días", te dicen, aceptando una situación a la que podemos dar la vuelta sin demasiado esfuerzo si nos lo proponemos. Debes convencer a tu cuerpo de que vaya al baño a diario, preferiblemente a la misma hora si eres de esas personas que tienen fobia a ir en el trabajo y cosas por el estilo. ir al baño a diario tal vez te cueste unas semanas, pero es una apuesta segura para encontrarte mejor en la vida, y sólo hay un secreto: fibra.

Apúntate al desayuno de cereales con fibra, trata de cenar pronto, toma frutas y verduras con regularidad (son fuentes de fibra) y cereales siempre integrales. Bebe mucha agua y, si aún así la cosa no resulta, no dudes en apuntarte a Pilates o en realizar algún tipo de ejercicio que refuerce la musculatura abdominal. Lo notarás.

2- Tomas anticonceptivos orales. Tu ginecólogo te dirá que la carga hormonal ya no es como la de antes (cuando te salía barba, ¿recuerdas?), pero lo cierto es que uno de los efectos secundarios más habituales de los anticonceptivos orales es la retención abrumadora de líquidos. Suele redimir pasados unos meses, pero no siempre ocurre. El Síndrome Premenstrual (SPM) es otro de los factores clásicos de la retención de líquidos, que, dependiendo de cada mujer, puede durar desde un par de semanas, a partir del día de la ovulación, hasta sólo unos pocos días o unas horas.

3- Tomas muchos lácteos. No todos somos intolerantes a la lactosa, como parece en los últimos años, pero sí que es cierto que son muchas las personas que no digieren bien los lácteos y que se sienten mucho mejor cuando eliminan la lactosa de sus vidas. Prueba a eliminar leche y quesos (el yogur puedes seguir tomándolo) y optar por bebidas vegetales alternativas, como la de arroz, de soja o de avena.

4- ¿El gluten? Con esto no queremos decir que seas celíaco, sino que tal vez el gluten no siente tan bien a tu organismo como crees. Muchas personas que no han sido diagnosticadas de celiaquía admiten sentirse mucho mejor cuando suprimen el gluten de la dieta, pues éste les hace sentirse hinchados, pesados y tener digestiones más largas y difíciles.

5- Tomas mucho café o té. Ambas bebidas propician la retención de líquidos, que se manifiesta en muchas ocasiones en forma de celulitis. Prueba a hacerte infusiones diuréticas, como la cola de caballo, por ejemplo, y sobre todo ser muy constante a la hora de tomarlas.

6- No te levantas de la silla en la oficina. Tener un trabajo sedentario y hacer poco ejercicio físico es otro de los factores que favorece la hinchazón y la retención de líquidos. Pese a que tu jefe sea un hueso, intenta levantarte a menudo con alguna excusa. Y cuando llegues a casa, si puedes, mantén las piernas en alto un rato para mejorar la circulación. Ah, e intenta no cruzar las piernas.

7- Eres una adicta a los tacones. Estilizan la figura, pero en realidad no hay peor enemigo para unas piernas que unos taconazos. Lo ideal es llevar dos o tres centímetros de cuña o tacón, tanto para la espalda como para la retención de líquidos. Si las temperaturas son altas la cosa se pone todavía peor, de manera que para muchas mujeres la solución suele ser el drenaje linfático.

8- El estrés... hincha. Suena a mito, pero lo cierto es que en situaciones de estrés, angustia y ansiedad nuestro cuerpo tiende a retener, tal vez por esa sabiduría inherente a la naturaleza de guardar para cuando vengan mal dadas, que al final es lo que estamos transmitiendo al cuerpo. ¿La solución? Relax, aunque sabemos que es muy fácil decirlo y muy difícil de conseguir en esos momentos en que tenemos la sensación de que la vida nos ha superado. Aunque no podamos huir del estrés por el momento, sí que hay una serie de trucos para ahuyentarlo un poco: respiraciones profundas y abdominales (hazlo siempre que puedas, en el metro, en casa, en la oficina...) y, si puedes permitírtelo, yoga o meditación.

9- Bebes alcohol. Puede que seas de esas personas que comen poquito, apenas unas hojas de lechuga, nada de dulces, pescados... Pero te pierden las cervecitas y los gin-tonics. Bien, aunque en este tema espinoso es fácil pillarse los dedos, porque a menudo surgen estudios contradictorios que dicen tanto que la panza cervecera es un mito como una realidad científicamente comprobada, numerosos estudios lo confirman: beber alcohol, especialmente licores de alta graduación y cerveza (el vino mucho menos) provoca, literalmente, "obesidad abdominal". Lo dice un estudio publicado recientemente en la European Journal of Clinical Nutrition.

10- Te pierde la sal. Evítala en la medida de lo posible, todo es acostumbrarse. Ocurre lo mismo con el azúcar. No te decimo que la dejes de golpe, sino que añadas cada vez menos cantidad a tus comidas. Llegará un día en que casi no consumirás sal y tu organismo te lo agradecerá.

Laura Conde @LauraConde5 | Barcelona | 07/10/2014

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