LOS DETALLES
31 años de la boda de Rocío Jurado y Ortega Cano: cuatro vestidos, 1.500 invitados y los errores de los novios
Tal día como hoy, en 1995, la Dehesa Yerbabuena se convertía en el epicentro de la crónica social. Recordamos la boda de Rocío Jurado y Ortega Cano: un despliegue de estética goyesca, anécdotas en el altar y un hito que paralizó España.

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Hoy se cumplen 31 años de la épica boda de Rocío Jurado y José Ortega Cano. Una celebración por todo lo alto en la que hubo cuatro vestidos de novia, más de 1.500 invitados y que incluso se pudo ver en directo por televisión. Repasamos cómo fue el gran día de la cantante y el torero.
Una boda de gran envergadura
Tras obtener la nulidad de su primer matrimonio con el boxeador Pedro Carrasco —padre de su hija Rocío Carrasco-, Rocío y José celebraron su boda el 17 de febrero de 1995 en Dehesa Yerbabuena, una finca de su propiedad situada en Castilblanco de los Arroyos (Sevilla). Un enclave de 800 hectáreas que permitió albergar a los aproximadamente 1.500 invitados que acudieron a presenciar la unión.
Entre los asistentes destacaron numerosas personalidades del mundo de la cultura y la sociedad, como Joan Manuel Serrat, Massiel, Eugenia Martínez de Irujo, Carmina Ordóñez, Finito de Córdoba, Espartaco, Enrique Ponce o la duquesa de Alba junto a su hija.
La ceremonia religiosa se celebró en la ermita de la Santísima Trinidad, construida expresamente para la ocasión. Sin embargo, el templo solo tenía capacidad para 200 personas, por lo que el resto de invitados siguió el "sí, quiero" a través de una pantalla instalada en una gran carpa. La boda también se retransmitió en directo y en diferido por televisión, marcando un auténtico hito mediático.

Los errores de los novios
Durante el enlace no faltaron los nervios. Ortega Cano estuvo a punto de colocar el anillo en el dedo corazón de la novia en lugar del anular y Rocío, al pronunciar sus votos, cambió la palabra "fidelidad" por "felicidad", un lapsus que pasó desapercibido en un momento tan emotivo.
La ceremonia contó con un coro de 12 voces y fue oficiada por don Ángel Romero, quien había sido durante trece años párroco de Chipiona, localidad natal de la cantante.
El aperitivo y el banquete posterior se celebraron en carpas, destacando la del almuerzo, que contaba con 3.500 metros cuadrados de superficie. El menú, elaborado por Félix Cabeza y su catering La Dorada, incluyó surtido de mariscos, crema de melón, lomo a la brasa y una tarta nupcial de cinco pisos.
Una novia con cuatro vestidos para elegir
Rocío Jurado llegó al altar del brazo de su hermano Amador Mohedano luciendo un vestido de seda salvaje combinado con encaje francés, escote barco, cola y velo de organza en tono dorado. Este fue uno de los cuatro diseños que su amigo, el diseñador Carlos Arturo Zapata, preparó para el gran día. "Es cierto que hice tres diseños más, pero el que eligió al final fue el que hice con más entusiasmo", explicó el creador a la revista ¡HOLA!.
Completó el estilismo con pendientes de brillantes y oro blanco y un accesorio muy representativo de los años noventa: un choker del que colgaba una gran cruz, regalo de su madre. El cabello, recogido en una redecilla de seda decorada con perlas de inspiración taurina, se adornaba con una diadema de flores. Las uñas, en rosa pastel, reforzaban su imagen de novia clásica, mientras que el ramo aportó un toque más rompedor con orquídeas y otras flores en tonos rosados combinadas con hojas verdes.
El diseñador también se encargó de los vestidos de las damas de honor, los pajes y del diseño que lució Rocío Carrasco en la celebración posterior, todos ellos inspirados en otras épocas y con una marcada estética goyesca que impregnó la boda.

El segundo look y la gran fiesta
Tras el banquete, Rocío Jurado cambió de estilismo para la fiesta posterior. Apostó por otro de sus looks nupciales: un diseño a medio camino entre un vestido de flamenca y los trajes tradicionales colombianos de cumbia. Era un modelo blanco con bordados en relieve y encaje, escote cuadrado, corte a la cadera y mangas rematadas en volantes.
Aunque mantuvo las joyas de la ceremonia —sustituyendo el choker por una cadena plateada con la cruz—, optó por un nuevo peinado con recogido bajo y raya lateral, decorado con las orquídeas que habían formado parte del primer look.
Con este segundo estilismo no solo bailó hasta altas horas de la madrugada junto a su marido, sino que también sorprendió a los invitados interpretando algunos de sus temas más conocidos. La orquesta Alcatraz y Los Romeros de la Puebla fueron los encargados de poner música a una de las bodas más recordadas de la crónica social española.
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