La Manada de los Sanfermines, los del club de fútbol Arandina, la de Manresa.. no hay semana en que no salte a los medios un nuevo caso de agresión sexual en grupo. Desde 2016, en España se han registrado un total de 104 agresiones sexuales múltiples según las cifras de Feminicidio.net (no hay cifras oficiales), 14 en 2019. ¿Hay más que antes? ¿Existen unos factores comunes en las distintas agresiones? ¿Qué está pasando?

“Por una parte creo que, al igual que ha pasado con la violencia de género, hemos marcado un antes y un después hablando públicamente de ello y denunciándolo y por eso ahora se habla mucho más de ello. Sale en la televisión, se comparte en los grupos de mujeres y nos atrevemos a hablar de ello públicamente y eso hace que se genere más ruido y se oiga más, pero siempre ha estado ahí. Lo que ocurría (y sigue ocurriendo) es que tiene un gran estigma social y era avergonzante para las mujeres que ha vivido este tipo de situaciones. Asumirlo es un proceso psicológico muy duro y arduo y si le sumamos el estigma que la sociedad pone sobre estas mujeres, contarlo era un logro que no todas seríamos capaces de conseguir”, comenta la sexóloga María Torre.

La experta también apunta otros argumentos: “Además, se ha producido un efecto llamada de bravura masculina. Hay miedo al gran paso que las mujeres hemos iniciado. La mayor independencia de éstas en las relaciones eróticas está generando muchas dudas en cuanto a la sexualidad heterosexual y normativa y como nos falta mucha educación emocional, la vía por la que se está gestionando es la de la agresión, violencia y violaciones. Es la forma en la que hemos enseñado a los hombres a mostrar sus sentimientos, la violencia y cuando tocamos el terreno sexual se impone de igual manera”, dice.

Un grupo de jóvenes caminando, imagen de archivo. | Pixabay

Pero, ¿por qué determinados individuos consideran que pueden ejercer dicha violencia sobre las mujeres? “Es una consecuencia de la falta de educación emocional y sexual, que por supuesto van unidas. No hay herramientas para gestionar toda esta revolución de sentimientos que está habiendo y todo desemboca en ver quién puede más y en una lucha por mantener el status quo. Es una consecuencia por demostrar que ellos siguen por encima y que no pierden sus privilegios en este terreno”.

Se da un caldo de cultivo generado por una sociedad machista, falta de educación sexual y emocional y por supuesto, contenidos pornográficos que están al alcance de cualquiera (y a cualquier edad): “Ya no es ver porno como antes, ahora forma parte de nuestra cultura, lo llevamos todo el tiempo encima con los valores que transmite, que ya sabemos que en su mayoría son machistas y heteronormativos. Esto ha provocado una ritualización de las relaciones eróticas que siguen patrones establecidos y por la que cada género asume unos estereotipos que tenemos muy asumidos. Sin embargo, los estudios realizados sobre si el porno influye en la creciente violencia sexual, no son concluyentes. Es decir, que no hay una correlación clara. Por supuesto que nos influye lo que vemos y consumimos, pero esto también incluye las series de televisión y películas comerciales y ahí no ponemos el foco, cuando están transmitiendo lo mismo pero de una manera menos explícita”.

¿Es la pornografía la culpable? No, por supuesto, hay muchos otros factores como hemos visto más arriba. “No se puede decir que el porno provoque lo que estamos viviendo, es demasiado simplista, lo que sí se puede afirmar es que la sociedad en la que vivimos sigue permitiendo y da permiso a través de lo que califica qué está bien o mal, que siga habiendo mujeres que sufran violencias de todo tipo”, finaliza Torre.