1. Ve variando el circuito

Si cada día corres exactamente el mismo tiempo y eliges el mismo recorrido, tu cuerpo se acostumbrará pronto y dejarás de percibir una evolución. Busca alternativas diferentes, con mayor o menor pendiente, o prueba a sustituir el asfalto por césped o arena.

2. Elige el momento adecuado del día para salir a correr

No pretendas rendir adecuadamente un caluroso día de agosto a las 4 de la tarde. Elige los momentos en que el sol esté más bajo: a primera hora o a última hora del día. Y si aún a las 9 de la noche el calor es insoportable, no te obligues: sustituye la carrera por un entrenamiento indor.

3. No te obsesiones con el número de minutos

Lo normal es que empieces corriendo 15 o 20 minutos al día y que con las semanas ese tiempo vaya incrementándose hasta los 50- 60. Pero si un día te sientes incapaz de completar el tiempo de siempre o de hacerlo al mismo ritmo, no lo consideres un retroceso, no lo es. Es habitual tener días más flojos, y no pasa absolutamente nada. El próximo será mejor.

4. Dedica un día a la semana a realizar series más intensas

Sustituye la carrera continua habitual por intervalos de 5 minutos a un ritmo más alto del habitual. Después de completarlo, tómate 2 o 3 minutos de descanso.

Incluye estos 4 consejos en tu rutina y observarás una evolución mucho más rápida.

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