Más allá de estropearnos la manicura (aarg) y acabar luciendo muñones en lugar de dedos (aarg aarg), morderse las uñas en un antihigiénico y muy poco saludable, pero también es un impulso muy difícil de controlar. A los que os mordéis las uñas os hablamos.

Sabemos que es difícil dejarlo, pero no imposible. Con un poco de concentración y de esfuerzo, y dejando a un lado falsos remedios, se puede acabar definitivamente con esa manía. Aunque te sientas más nerviosa que nunca por los acontecimientos y la incertidumbre que estamos viviendo, también dispones de algo muy valioso: tiempo. Así que date otra oportunidad a todo eso de la superación personal y deja de una vez por todas de morderte las uñas. Te decimos cómo.

Elementos disuasorios

Según los psiquiatras, morderse las uñas es simplemente una forma de calmarse. El acto reflejo de llevarse las uñas a la boca proporciona una sensación de alivio instantáneo. Cuando nos mordemos las uñas, liberamos neurotransmisores en nuestro cerebro que nos hacen sentir bien. Así de sencillo.

De ahí que uno de los trucos más usados para dejar de hacerlo sea convertir esta experiencia “placentera” en “horrorosa”. Como usar un esmalte de uñas de sabor amargo (los venden en farmacias para tal fin) o hacer una mezcla casera con salsa picante o esencia de ajo para que cada vez que nos llevemos los dedos a la boca recordemos, con disgusto, que no debemos hacerlo.

Llevar siempre una lima en el bolso

De esta manera, cada vez que tengas ganas de morderte las uñas, en lugar de eso, te las limas. Siempre será mejor un recorte saludable que un mordisco de roedor. Guarda también limas en tu escritorio de trabajo, en la mesilla de noche o donde consideres, para que nunca te encuentres en esa difícil situación en la que tiene una uña perfecta para morder y no puedes hacer otra cosa que pensar en la maldita uña (todos hemos estado ahí).

Mantener las uñas cuidadas

A veces, llevar las uñas bien cuidadas, puede desalentarnos a la hora de morderlas ya que entra en juego la conciencia de haber gastado dinero, tiempo o esfuerzo. Inconscientemente no queremos arruinar nuestra manicura y tratamos de proteger la inversión dejándolas tranquilas. Por probar…

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Tener a mano otra cosa para morder

Si eres el tipo de mordedora inquieta que lo hace simplemente para darle a sus manos (o boca) algo que hacer, prueba a cambiar las uñas por un chicle o un caramelo duro que sustituya este comportamiento nervioso.

Hacer seguimiento de la frecuencia con la que muerdes

Suena desalentador, pero se trata de que mires de frente el problema. Como cuando cuentas todos los cigarros que te fumas al día. Dedica un día entero a anotar cada vez que te muerdes las uñas, apúntalo exactamente cuando lo estés haciendo y detalla la situación en la que te encuentras y las emociones que te han llevado a no poder controlar el impulso. Esto te ayudará a identificar algunos de los aspectos psicológicos que se esconden detrás de tu mal hábito. Identificar estos desencadenantes es el primer paso para vencer el impulso mentalmente.

Ir a terapia

Si todos estos elementos disuasivos y sustitutorios no surten efecto a largo plazo, puede que sea el momento de trabajar con un terapeuta especializado en modificaciones de comportamiento. Este profesional te ayudará a profundizar en lo que te causa esa necesidad de morder, y trabajar contigo para desarrollar una solución personalizada para dejar de hacerlo definitivamente.

Visualizar las uñas de tus sueños

Si estás en ese punto en el que escondes tus manos y te fijas, casi obsesivamente, en las manos de los demás, aprovecha esa energía para poner en marcha una visualización digamos, terapéutica. Puedes hacerlo de manera física recortando imágenes de revistas y componiendo un collage de manos perfectas. O recurrir a la versión digital y seleccionar todas esas uñas de famosas e instagramers que te gustaría tener. Se trata de visualizar tu objetivo. De recordar, a través de este impacto visual, por qué estás trabajando tan duro para superar el hábito de morderte las uñas.

Ponerse guantes

No es broma. Si todo lo demás falla, hazte con un par de guantes para acabar con la tentación. No hay mejor momento que una pandemia global para pasar completamente desapercibida con guantes a 40 grados a la sombra.