Agresiones, insultos y peleas

Una ola de miedo colectivo por las noticias de agresiones, insultos y peleas

Agresiones, insultos, peleas… las noticias de los informativos dejan últimamente poco lugar para la creencia en la bondad del ser humano. ¡Menos más que la pandemia iba a sacar lo mejor del ser humano!, dicen algunos…

Una ola de miedo colectivo por las noticias de agresiones, insultos y peleas

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Parece, queridos lectores, que la solidaridad, el respeto y la empatía no están de moda. En medio de una nueva ola de contagios que nos coge mentalmente agotados, de repente surge 'el miedo' como motor de muchas vidas, primero silenciosamente y ahora de forma clamorosa, como vemos cada vez más en la consulta. Un miedo que explica muchos comportamientos y decisiones.

Es el miedo de las personas al contagio y a contagiarse, el miedo a no dejar malas relaciones porque la siguiente puede ser peor, el miedo a no cambiar un mal trabajo porque la crisis económica parece que no da opciones, el miedo a salir, a relacionarse. En definitiva…el miedo a vivir.

Hablemos del miedo

El miedo se considera una emoción primaria, negativa, adaptativa, universal y necesaria, que nos avisa de un peligro y nos pone alerta. Los miedos son necesarios y sólo se vuelven patológicos si interfieren en el buen funcionamiento de nuestra vida cotidiana.

El miedo es un producto emocional de la amígdala, localizada en la base del cerebro y al centro de éste. Cuando se activa mediante un estímulo amenazante produce una hormona llamada vasopresina, la cual desencadena, además del miedo, también la ansiedad, y dispone a la persona para la lucha, la huida y la evasión del dolor, activando todas las funciones de conservación del individuo y de la especie.

En la infancia el miedo suele aparecer hacia los seis meses. Es necesario que los niños experimenten miedos específicos y concretos ante situaciones, objetos y pensamientos que impliquen peligro o amenaza real, evitando así correr potenciales riesgos innecesarios que puedan poner en peligro su vida, su salud o su bienestar físico o psicológico. Ahora bien, hay que evitar que esos miedos sean lo suficientemente importantes como para alterar de forma significativa su vida o su desarrollo cognitivo o emocional.

¿Cómo sentimos el miedo?

El miedo lo sentimos a todos los niveles, y le damos respuesta fisiológica, motora, cognitiva y bioquímica.

A veces disfrutamos con el miedo, siendo nuestra válvula de escape de la realidad cotidiana, ya sea viendo una buena película o leyendo esa novela de misterio. Este disfrute actúa de forma puntual y en un corto plazo de tiempo, ya que sabemos que, cuando queramos, volveremos a la seguridad de nuestra rutina.

El problema surge cuando nuestra rutina está llena de miedos, con un ambiente que nos los refuerza, por las noticias que vemos y escuchamos, además de por los mensajes que recibimos a través de nuestros teléfonos. Todo ello nos genera una gran incertidumbre.

El peligro del miedo colectivo

Si bien las emociones forman parte del bagaje con el que nacemos los seres humanos, éstas se van nutriendo a medida que interactuamos con los otros, y se van aprendiendo en primer lugar de nuestros padres.

¿Cómo es posible que algo individual, como es el miedo que podamos sentir cada uno de nosotros, puede pasar a ser compartido por una parte importante de los ciudadanos?

Esto es posible porque vivimos en una sociedad hiperconectada, que colabora con la propagación del miedo al magnificar la información que recibe por distintos medios. Es habitual ver, por ejemplo, noticias confusas sobre la pandemia o casos aislados de violencia, amplificados en las redes sociales, con análisis muy básicos, hechos desde las emociones y para fomentar efectivamente el temor colectivo.

Acordémonos de la estrategia seguida por Orson Welles en 1938, durante la retransmisión por la radio de la obra 'La guerra de los mundos', que narraba la invasión de los extraterrestres y que desató un ataque de pánico colectivo en varias ciudades de Estados Unidos.

Hay que tener mucho cuidado con el miedo colectivo porque se puede patologizar en pánico colectivo. Es el momento en que la sociedad se descontrola, cada uno tira por su lado, rompiéndose la cohesión social y generándose el caos.

Lo hemos visto recientemente en estos tiempos de pandemia, con comportamientos como las compras compulsivas, la negación de los hechos, las críticas mordaces y con la desobediencia a las recomendaciones de las autoridades sanitarias. En realidad, la gran mayoría de esas conductas son manifestaciones del temor de la gente ante la posibilidad de enfermar e incluso morir.

[[H3:Pero a veces…]]

A pesar de sentir y compartir un miedo intenso, muchas veces las personas llevan a cabo acciones heroicas y coordinadas (lo hemos visto en el personal sanitario, policía, bomberos…). Más aún, las investigaciones llevadas a cabo sobre personas aterrorizadas por desastres sugieren que el pánico es de corta duración, y que incluso las personas que sienten un miedo intenso y están más alteradas, pueden ser rápidamente inducidas a seguir las reglas de las autoridades y los líderes locales.

Entonces ¿qué hacemos ante el miedo?

No debemos evitar el miedo, pues con la evitación éste crecerá, se extenderá y generalizará a otras muchas situaciones. Por ello, es mejor enfrentarse a él, analizarlo y así poder resolverlo. La ansiedad que puede generar intentar resolverlo va a ser siempre mucho menor que los problemas que conlleva mantenerlo. Miremos, pues, de frente al miedo, como primer paso para racionalizarlo y no dejarnos dominar por él.

Alicia López Losantos, psicóloga y socióloga

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