Lactosa

¿Qué diferencia hay entre la alergia a la leche y la intolerancia a la lactosa?

La alergia a la leche está relacionada con las proteínas, mientras que la intolerancia a la lactosa tiene que ver con el azúcar.

Imagen de un vaso de leche

Imagen de un vaso de leche Unsplash

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Este jueves, ha fallecido una joven de 16 años alérgica a la proteína de la leche tras varios días ingresada por ingerir un café que contenía restos de lactosa. Tras beberlo, sufrió una parada cardiorrespiratoria y fue llevada a la UCI de Alcázar de San Juan, en Ciudad Real. La alergia a la proteína de la leche es un trastorno que a menudo se confunde con la intolerancia a la lactosa, mucho más presente en las personas.

Por ello, la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) ha querido exponer la diferencia entre ambos. Así, detallan que la alergia a la leche es una enfermedad que se caracteriza por una "respuesta exagerada del sistema inmunitario a las proteínas de la leche", mientras que la intolerancia a la lactosa supone la "incorrecta digestión de la lactosa provocada por el déficit de lactasa".

¿Qué es la alergia a la leche?

La leche de vaca tiene una gran variedad de proteínas entre las cuales destaca la caseína. Cuando alguien que es alérgico a estas proteínas las ingiere, el cuerpo las reconoce como extrañas y activa un mecanismo de defensa, produciendo anticuerpos, tal y como explica la FEAD. De esta forma, produce también sustancias químicas como la histamina, que genera los síntomas de una reacción alérgica.

"Los síntomas comienzan con picor en la zona de boca y farínge, habones en la piel con un picor intenso y, en los casos más graves, angioedema", explican desde la Clínica Universidad de Navarra (CUN). Asimismo, también se puede ver afectado el sistema respiratorio, que puede padecer "crisis de asma", por ejemplo. En los casos más graves, se puede dar un shock anafiláctico, que puede provocar la muerte.

Esta enfermedad, en la que no se incluye la leche materna, es genética y "suele aparecer desde el nacimiento, por las proteínas ingeridas por la madre que se transmiten por la leche materna, o al sustituir la lactancia materna por una fórmula artificial". No obstante, la FEAD recuerda que "el 85% de los niños pierde la alergia antes de los tres años".

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

En cambio, la intolerancia a la lactosa es un trastorno mucho más común que se produce, según la alergóloga Pilar Cots Marfil, por una alteración en la digestión de la lactosa a nivel intestinal. Esto pasa porque existe una reducción de los niveles de lactasa, la enzima encargada de realizar esa digestión.

La lactosa no es una proteína, sino que es el azúcar de la leche compuesta por una molécula de glucosa y otra de galactosa y está presente en productos lácteos. "Cada 100 ml de leche contienen 5 gramos de lactosa. Este contenido de lactosa es básicamente el mismo en la leche entera como en la desnatada, independientemente de si es de vaca, oveja o cabra", subrayan en la FEAD.

Los síntomas que experimenta un intolerante a la lactosa son mucho más suaves que los de la alergia a la proteína de la leche, ya que se manifiestan solo a nivel digestivo. Así, los más comunes son el dolor abdominal, diarrea, defecación explosiva, náuseas, meteorismo o distensión abdominal. Además, nunca va a suponer un riesgo para la vida ni ningún otro órgano del cuerpo.

La intolerancia a la lactosa puede aparecer por tres vías. En primer lugar, puede transmitirse de manera genética. De igual forma, puede comenzar tras una enfermedad intestinal que afecta a la capacidad de producción de lactasa. Finalmente, puede producirse cuando, a partir de la infancia, se produce una disminución de la actividad de la lactasa.

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