Matías es un enfermero que conoció en 2017 a un recién nacido de apenas 20 días al que sus padres habían abandonado. El pequeño tenía malformaciones en pies y manos, un problema uronefrológico y estaba en terapia intensiva. Matías no tardó en cogerle cariño y un día en la UCI le dijo que si abría los ojos, él le llevaría a su casa. "Los abrió y sentí que era una señal. Inmediatamente me sentí como su padre y comencé a investigar sobre cómo adoptarle", explica.

Se apuntó en el registro, realizó todas las entrevistas y se quedó a la espera para poder adoptar al pequeño Santi. El recién nacido fue trasladado a otro hospital durante unos meses y cuando le iban a dar el alta notificaron a Matías que daban el visto bueno a la adopción.

"Ahora Santi está muy bien, pero cuando me lo entregaron tenía siete meses y un retraso madurativo de cinco. Casi no se movía y no podía gatear. Rápidamente empezamos con estimulación temprana y pudimos revertir la situación", recierda.

El pequeño continúa con complicaciones, pero sus ganas irrefrenables de aprender, no le frenan.

"Es un niño como cualquier otro. El 20 de febrero cumplió dos años. Se ríe, juega y comparte la vida con sus abuelos y tíos que nos acompañan y me ayudan con el cuidado de él. Por supuesto una de las primera palabras que dijo fue papá".