Gabriela Mato Fresán

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Música y espectáculos

Cerrado por causas ajenas a nuestra voluntad

Madrid vuelve a la cuarentena este sábado. Las nuevas medidas de restricción no afectan a los espacios culturales que pueden seguir abiertos con limitaciones. Cines, teatros, salas de exposiciones, auditorios... regresan poco a poco a la vida. Pero hay un sector que sigue cerrado desde marzo. Sobre él y su alerta roja escribo mi columna de hoy.

La primera vez que fui a 'La coquette' ligué con el guitarrista. La segunda, me senté al lado de una mujer que estaba, como yo -lo del guitarrista no funcionó- sola. Después de un par de cervezas me dijo orgullosa que su hijo era el bajo, que había ido a escucharle porque era su cumpleaños. "¿A que toca muy bien?", me preguntó sin esperar respuesta. La tercera, un inmenso tatuaje que me impedía ver al tío que tenía debajo me contó que le hubiese gustado ganarse la vida como batería pero que era adiestrador de perros. "El César Millán ese, un aficionado".

Apretujada entre el público de 'La coquette' te sentías parte de una familia. Siempre había un momento -un solo de guitarra de Edu Bighands, uno de batería de Pax- por el que valía la pena haberte quitado el pijama y la pereza de encima aquel domingo de frío madrileño y luchado por hacerte con una de sus codiciadas banquetas. En las guías para turistas le llamaban el templo del blues, pero aquello era más bien una capilla de ambiente cargado que recogía fieles pecadores al final de la semana.

El 'Café Berlín' no estaba lejos de 'La coquette'. También tenías que bajar unas cuantas escaleras hasta llegar, por fin, a la sala. Como al coronavirus, al jazz, al blues y al flamenco nunca le han gustado los espacios luminosos y bien ventilados.

Los habituales sabían que la noche en el Berlín no acababa al final de los dos conciertos programados. Ya de madrugada, los grandes músicos del momento -Jerry González, Jorge Pardo o Alain Pérez- se quedaban tocando e improvisando hasta las tantas, daba igual qué día de la semana fuera. Mientras, el resto de Madrid dormía.

La última vez que fui al 'Berlín', el chico que tenía a mi lado pagó a tocateja 200 euros por un möet chandon para impresionar a su acompañante. Y de paso a mí y a mi amiga. Para entonces, después de varias decepciones, yo ya había desistido de buscar novio guitarrista.

A todas las 'Coquettes' y todos los 'Berlines' que siguen en cuarentena o han cerrado por culpa del virus. A todos los que vivían de la música en vivo. ¡Cuánto os echamos de menos!

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