Las manos de una anciana

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ENCERRADA POR LA DICTADURA

Mimí, una anciana argentina, se reencuentra con su familia 40 años después porque les dijeron que estaba muerta

"Vuelvo a mi casa", señala la mujer de 73 años tras más de media vida en un neuropsiquiátrico después de publicar varios artículos que no gustaron al régimen argentino y por los que fue encerrada. En una de las visitas de su madre le dijeron que había muerto y ella se lo comunicó al resto de la familia.

A Mimí la trasladaron al pabellón psiquiátrico de la localidad argentina de Pergamino en 1978. Días después, su madre preguntó por ella en el hospital donde la visitaba cada mes. "Su hija ha muerto", le dijeron. Ahora, tras casi 40 años en un limbo existencial, podrá reencontrarse con su familia. Todo empezó con un trabajo periodístico del diario local Primera Plana, que publicó hace unas semanas una investigación sobre la precaria situación en la que viven Mimí y Antonio, los dos únicos pacientes del psiquiátrico pergaminense, en la provincia de Buenos Aires.

La historia circuló por las redes sociales y llegó hasta el pequeño pueblo de Santa Rosa (en la céntrica provincia de La Pampa), localidad natal de Mimí. "Un compañero de trabajo me leyó una noticia sobre una persona abandonada en un hospital de Buenos Aires que se apellidaba como yo", explica Sixto Walss. Al principio no le prestó mucha atención, pero luego recordó el sufrimiento de su tía Paula, quien volvió un día a casa con el corazón roto porque su hija había muerto en el hospital. Sixto llamó a la redacción del diario y les relató la historia de su prima, con quien vivió durante parte de su adolescencia.

"Vuelvo a mi casa"

"Publicamos la nota y al poco tiempo varios familiares se comunicaron con el diario, contaron su historia y coincidía punto por punto con algunas cuestiones que conocíamos 'off the record' sobre Mimí", detalla a Efe Javier Ferreyra, director de Primera Plana. Desde hace unos días, Mimí solo repite cuatro palabras a las enfermeras que la cuidan: "Vuelvo a mi casa".

Una vez que se solucionen las cuestiones legales, Sixto viajará a Pergamino junto a Hilda y Norma, dos primas de Paula, para encontrarse con su familiar perdida y llevarla de vuelta a Santa Rosa. Según la reconstrucción de Ferreyra, en la década de los 70, Paula trasladó a su hija al hospital Melchor Romero, en la ciudad bonaerense de La Plata, donde le diagnosticaron una grave enfermedad neuronal, por lo que Mimí quedó ingresada con solo 17 años. Cada mes, recorría unos 500 kilómetros desde Santa Rosa para visitarla.

Pero en una de esas visitas, en 1978, en plena dictadura militar, los médicos le dijeron que su hija se había escapado, había caído en un río y había muerto ahogada. No le dejaron ver el cuerpo y Paula comenzó a languidecer desde entonces con la única certeza de que, viva o muerta, Mimí había desaparecido para siempre. "Como parte de un movimiento político turbio, ese año llega a Pergamino un microbus con 60 pacientes, que van a formar parte del nuevo hospital de la ciudad.

"Cuando descubrí que seguía viva se me llenaron los ojos de lágrimas"

Entre esos pacientes, se encuentra Mimí", apunta Ferreyra. Así, presa de una enfermedad mental, Mimí comenzó a perder los recuerdos de su casa y a sumirse en un sueño que ha durado cuatro décadas. "Es como un despertar", explica Patricia Raimundo, la médico que atiende a Mimí y a Antonio, sobre la ilusión con la que vive ahora la anciana, de 73 años. Según Raimundo, desde que le dijeron que iba a volver con su familia a Santa Rosa, Mimí comenzó a recordar anécdotas, historias y nombres de su infancia. "¿Sabes quién es Sixto?", le preguntó una enfermera. "Mi primo", respondió encendida la anciana desde la cama desvencijada del hospital, recuerda la médico.

"Yo la vi por última vez en 1960 o 1962. Lo lógico era pensar que había corrido esa suerte. Cuando descubrí que seguía viva se me llenaron los ojos de lágrimas", rememora su primo, quien está impaciente por viajar hasta Pergamino para abrazarla. Hilda y Norma, por su parte, sueñan con poder decirle a Mimí que su madre siempre tuvo la certeza de que no había muerto. "Paula le dijo a Hilda en el lecho de muerte: mi hija está viva, vete a buscarla", relata Ferreyra, quien habló con ella hace pocos días. Según el periodista, aunque no conocieron a Mimí, Hilda y Norma sí vivieron "el dolor de madre" de Paula por haber perdido a su hija, un sufrimiento que las ha movilizado para poder finalmente reencontrarse con ella.

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