María, la madre que acabó con la vida de sus hijos de 3 años y 5 meses en Godella (Valencia), confesó los hechos poco después del crimen. Aseguró en su declaración que fue Dios quien le ordenó matar a los niños.

Destacaba que el pequeño le trataba con agresividad desde que había comenzado el colegio, mientras que de la bebé de cinco meses decía que "nada más nacer le robaron el alma".

"He matado a mis hijos, me lo ha pedido Dios. Era la única forma de salvar sus almas y salvarme yo misma. Me da mucha pena la muerte de los pequeños pero es que habían perdido su alma, no eran mis hijos. Es la voluntad de Dios y yo estoy tranquila.

Al mayor le mandé a la escuela en septiembre y me di cuenta de que le habían robado el alma, estaba más violento, más agresivo, se enfrentaba a mí. A pesar de su edad era capaz de controlar mi voluntad, se colaba en mi cerebro y dominaba mi pensamiento.

En cuanto a mi hija, es una tristeza pero nada más nacer le robaron el alma. La que tenía al morir no es la misma que cuando nació".

Ambos progenitores se encuentran en prisión después del parricidio. Gabriel, padre de los niños niega haber participado en el crimen. María había sufrido trastornos psiquiátricos y hacía tiempo que no tomaba su medicación. Cuando fue detenida le dijo a los agentes que Dios le susurraba al oído desde hacía unos meses.