La primera semana de juicio contra Ana Julia Quezada deja claro que el crimen del pequeño Gabriel fue un acto premeditado por la acusada.

Los investigadores se basan en cuatro escenarios:

  • La furgoneta blanca

Una vez el niño estaba desaparecido apareció en escena un vehículo blanco rodeando la casa de la abuela de Gabriel. Ana Julia en ese momento se encargó de decir que tuvo un ex novio con el que tiene mala relación que tenía una mala relación. Ésta no fue la única prueba que empleó contra su ex pareja.

  • La camiseta

Otro escenario es el de la camiseta colgada de un árbol que casualmente encontró Ana Julia. Esta prenda de ropa contenía ADN del menor y se encontraba cerca de la casa de su exnovio.

  • La finca

La prueba que desmiente la trama que Ana Julia llevó a cabo es la finca donde el pequeño fue enterrado. Durante los 13 días de desaparición, Ana Julia no permitió que nadie entrara en en el establecimiento y ella lo visitó todos los días. La Guardia Civil dice que sus constantes visitas a la fina se debían para controlar que ningún animal desenterrara el cadáver.

  • La recompensa.

Otro dato demoledor. Ana Julia trataba de controlar todos los movimientos del padre del pequeño. Incluso le llegó a dar medicación por las noches. Cuando la Guardia Civil llamó al padre de Gabriel la acusada pidió ponerse al teléfono por lo que entró en juego la recompensa. Quezada quería incrementar la recompensa a cambio de información fiable del niño.

Los investigadores que han declarado durante esta semana en el juicio creen que incluso podría haber pensado obtener un rédito económico del asesinato que ella misma habría cometido.

Con estos cuatro conceptos los investigadores dejan claro que Ana Julia no solamente planeó asesinar al pequeño Gabriel sino que intentó controlar toda su desaparición.