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COMER POR PLACER

¿Es hambre física o mental? Aprende a diferenciarlas

Hablamos con la nutricionista Estefanía Fernández (en Instagram @stefyactiva) para que nos explique cómo debemos actuar ante el hambre por antojo.

Chica picando galletas.

iStock Chica picando galletas.

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Una de las definiciones de la palabra "hambre" en el diccionario de la RAE hace referencia a la necesidad de comer. Es decir, al aspecto fisiológico del término "hambre", a través del cual, nuestro cuerpo realiza una serie de procesos indicativos de la necesidad de ingerir nutrientes para poder vivir. Este es el significado del término con el que, seguramente, la mayoría de gente está más familiarizado.

No obstante, la RAE también apunta que la palabra "hambre" significa "ganas de comer". El concepto "ganas" no lleva implícita, estrictamente, una necesidad fisiológica como tal. Las ganas pueden ser, simplemente, un antojo o una satisfacción puntual. Con todo, el hambre no solo responde a una acción que el ser humano realiza para cumplir con las funciones vitales básicas, sino que, engloba un concepto mucho más amplio.

Entonces, ¿por qué nos sentimos culpables cuando satisfacemos el hambre que no nace de nuestro estómago, sino de nuestra mente? ¿Hacemos mal cuando comemos solo por antojo? En definitiva, ¿podemos comer sin hambre física?

Para resolver todas estas cuestiones, en NovaMás, hemos hablado con la nutricionista Estefanía Fernández. Con un perfil de Instagram llamado @stefyactiva que alcanza los 225k de seguidores, Stefy (así se presenta en redes), se declara como una 'nutricionista libre de dietas'.

¿Qué es el hambre mental?

El hambre mental, o hambre emocional, es, según Fernández, "la necesidad de comer para poder atravesar alguna emoción o sentimiento, sea aburrimiento, estrés, tristeza, confusión, incomodidad o, incluso, felicidad".

La respuesta a por qué respondemos comiendo a sentimientos que no están relacionados con el hambre física se encuentra, según la nutricionista, en la naturaleza emocional del ser humano: "Somos seres emocionales, y, por tanto, muchas veces la alimentación va a ser emocional. La comida es una de las herramientas que tenemos más a mano, y a veces, la única que podemos conseguir".

¿Debemos satisfacer el hambre mental?

Stefy señala que, debido a nuestro contexto histórico, cultural y familiar, la comida no se puede reducir a una simple manera de obtener "nutrientes y combustible para nuestro cuerpo". De este modo, "una conexión emocional con la comida es parte de una relación normal y saludable con ella. La comida puede y debe traernos placer y comodidad", asegura.

No obstante, también es importante que no sea la única herramienta con la que gestionar nuestras emociones. "Creo que muchas veces creemos que los sentimientos están para ser eliminados y no para atravesarlos", explica la nutricionista. "Y aquí, muchas veces, la comida hace el papel de taparlos, pero tampoco es esta la idea. Hay que buscar otras formas de afrontarlos, y así tener una cajita de herramientas de autocuidado", añade.

¿Qué pasa si no satisfago mi hambre mental?

Problemas de salud

No escuchar nuestra hambre mental puede, según Estefanía, perjudicar a nuestra salud física: "Muchas veces, hay sentimientos de culpabilidad y vergüenza cuando se come por razones que no sean hambre física. Pero, esta misma vergüenza y culpabilidad crea una respuesta de estrés y provoca efectos secundarios físicos que pueden afectar a la digestión, al sueño, aumentar la inflamación, etcétera", señala la nutricionista.

Alimentación emocional

Por otro lado, también hay el riesgo de caer en "el círculo vicioso de la alimentación emocional: te sientes culpable y avergonzada por comer emocionalmente, así que sigues comiendo emocionalmente", apunta Fernández.

Atracones

Por último, si repetidamente estás negando comida a tu mente, puede acabar viviéndolo como una fuerte restricción de alimento. Las restricciones son uno de los principales motivos de los atracones.

Si niegas constantemente la comida que te pide tu mente, el deseo cada vez será más fuerte y puede derivar en atracón. En los casos más graves, las restricciones de comida severa y los atracones pueden derivar en un trastorno de la conducta alimentaria.

¿Cómo dejar de sentirnos culpables cuando comemos solo porque nos apetece?

"Es clave entender que, el hambre emocional no es malo, es un tipo de hambre más", aclara Stefy. "Cuando tomas la decisión intencionada de calmarte con la comida, existe la posibilidad de que te ayude a sentirte mejor. Cuando lo haces de manera consciente y estando presente con los alimentos, es probable que saborees la comida y la experiencia de comerla", continúa.

Teniendo en cuenta esto, no deberíamos plantearnos una manera de evitar comer de manera emocional, sino "considerar las situaciones en las que la comida, realmente, te hace sentir mejor" y honrar estos momentos.

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