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PROPIEDADES ANTIINFLAMATORIAS

La miel, ¿un buen remedio para curar heridas?

Las propiedades que presenta la miel son muy beneficiosas para el organismo. Aun así, su apariencia viscosa y su alto contenido en fructosa podrían tener otras utilidades fuera del ámbito de la alimentación. Te contamos si este alimento es un buen aliado para curar heridas o no.

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La miel aporta multitud de nutrientes y propiedades al organismo. Este alimento se caracteriza por ser un endulzante primario, ya que el 99% de su solución es fructosa y glucosa. Así pues, se usa, junto al limón, como remedio natural para la tos o los constipados. Además, varios estudios médicos han investigado sobre su utilidad en la cura de heridas.

La miel es elaborada por las abejas gracias al néctar, el líquido rico en azúcar que se encuentra en las flores. Esta sustancia se transforma en miel por la labor que este insecto realiza en las colmenas. Se trata de varios ciclos de consumo, digestión y regurgitación hasta obtener como resultado la viscosidad tan característica de este alimento.

La miel aplicada en heridas

Durante el proceso de fabricación, las abejas añaden a la miel una enzima llamada glucosa oxidasa que, si se aplica diluida sobre una herida, produce la liberación de peróxido de hidrógeno. Este compuesto químico también es conocido como agua oxigenada, por lo que favorece la cicatrización y no daña los tejidos colindantes. Por lo tanto, el peróxido atribuye a la miel propiedades antioxidantes y características antiinflamatorias.

Gracias a estas cualidades, la miel aplicada en las heridas cutáneas reduce la infección, regenera los tejidos, los vasos, y acelera la cicatrización de la zona dañada. Además, sus propiedades antisépticas evitan posibles infecciones en la herida. Durante la curación, los tejidos se encuentran con una circulación incompleta de nutrientes. Por ello, la miel proporciona vitaminas, aminoácidos y minerales a las células de la piel dañada para solucionar esta deficiencia.

Además, la miel es capaz de crear un medio de alta osmolaridad, es decir, cuando existe un bajo contenido de agua. Este es el ambiente perfecto para la curación de una herida, dado que el plasma se aleja del tejido dañado, favorece la reconstrucción y evita la proliferación de bacterias gracias a la fructosa y la levulosa.

Componentes de la miel importantes en la cicatrización

Asimismo la miel cuenta con multitud de propiedades saludables y beneficiosas para el organismo, y algunas de ellas son muy relevantes en la cicatrización de heridas. La viscosidad, la glucosa, la fructosa, las vitaminas, minerales y la glucosa oxidasa, encargada de producir el peróxido hidrógeno, son los factores que favorecen la curación temprana de la lesión.

La miel aplicada en heridas consigue reducir el tiempo de reconstrucción de los tejidos, previene las infecciones y mejora el resultado estético de la herida. Según varios estudios, este tipo de curas ha dado resultado en heridas abiertas, posquirúrgicas o en úlceras varicosas o por presión.

El efecto de la miel en las heridas

Así pues, la miel presenta diferentes beneficios cuando se aplica en lesiones. Este alimento crea un efecto antibiótico, evitando el crecimiento de todo tipo de bacterias, activa el sistema inmunológico e incrementa el riego sanguíneo, facilitando la curación de la herida. Además, favorece la recuperación del tejido perdido.

Gracias a diversas investigaciones, los beneficios de la miel se abren a otros campos diferentes al de la alimentación. Sin embargo, aunque se conozcan las propiedades de la miel en el ámbito de la curación, es recomendable acudir al médico para obtener la valoración oportuna.

Cómo aplicar miel en una herida

La miel que se emplee en las heridas debe ser siempre pura, ya que es la única que cuenta con efectos terapéuticos. En cada tipo de lesiones se tienen que seguir unas especificaciones distintas en el momento de la aplicación.

Por ejemplo, si se trata de una quemadura, después de sumergir la zona en agua, se pondrá la miel directamente sobre la piel dañada. También se puede utilizar una gasa. Una vez finalizado el proceso, las vendas absorbentes evitarán que la miel se filtre.

En cambio, si se trata de una herida con sangre, se tiene que presionar la zona con apósitos. Posteriormente, se puede aplicar la miel con una jeringa sin aguja para no tocar la parte dañada. Además, de esta forma se evita manipular el tejido que debe regenerarse. Después de la aplicación no es necesario retirar la miel de la piel.

Aun así, es importante recordar que la mejor opción es acudir al médico para que este pueda valorar la zona dañada, y así realizar la evaluación conveniente.

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