Hay que salir a la calle, poco a poco y en las franjas establecidas. Y respetando las medidas sanitarias, una de ellas, la mascarilla que aunque no es obligatoria, por sentido común, hay que ponérsela.

Con los niños puede ser una odisea, no solo porque la mascarilla es molesta y se la pueden tocar, sino porque hasta ahora no ha formado parte de su universo y toca acostumbrarse. Si el niño tiene a partir de 3 años, te vamos a dar una serie de trucos y juegos para que el llevar la mascarilla le resulte más ameno. Amén del tradicional juego de los médicos que podéis hacer en casa “hay que ponerse mascarilla porque vamos a operar a los muñecos”, El Pupitre de Pilu nos apunta unas cuantas estrategias para que la mascarilla les resulte más divertida:

- “Pinta la mascarilla: ayuda a tus hijos a decorar las mascarillas como más les gusta o bien pintándolas o bien adornándolas con pegatinas de sus dibujos favoritos”.

- “Juega con ellos a juegos como “adivina lo que siento por lo que trasmite mi cuerpo”; hay que enseñar a los niños que no solo la expresión de la cara nos ayuda a entender lo que se habla si no también el cuerpo tiene mucho que decir: los ojos y el tono de voz”.

Niño con mascarilla | iStock

- “Jugar a la mímica, ya que la mascarilla va a ser su aliado durante mucho tiempo y que han de acostumbrase a llevarlas como algo habitual como, por ejemplo: cuando salen de casa siempre se cambian de calzado, con las mascarillas debe pasar lo mismo hay que ponérsela siempre al salir de casa: “no sin mi mascarilla”, dicen en el Pupitre.

- Si le gusta dibujar, aprovecha y anímale a poner una mascarilla a sus personajes favoritos. Incluso podéis recortar telas y ponérselas a los muñecos en casa.

Los niños se adaptan mucho más fácilmente que los adultos y a veces, lo que a nosotros nos parece un mundo, no es tal hecatombe para ellos. Se han comportando muy bien durante el confinamiento y han asumido el lavado de manos como algo que hay que hacer con normalidad (ya había que hacerlo antes, ahora con más razón), con lo cual, no hay razón alguna para pensar que les costará acostumbrarse a la mascarilla. Seguramente nos costará adaptarnos más a los adultos que a ellos.