Cumplir sus sueños le costó la libertad. Negzzia, una modelo de origen iraní, se vio obligada a abandonar a su familia y huir de su país ante la amenaza de ser condenada por posar desnuda. Llegó a París hace un tiempo y el mes pasado, Francia le concedió el estatus de refugiada política. Sin embargo, Europa tampoco fue, en un principio, una tierra de oportunidades y libertades.

La joven trabaja como modelo desde los 22 años, pero todo se torció en la primavera de 2017. Negzzia (nombre ficticio) violó la prohibición y posó en lencería. En medio del rodaje, el fotógrafo se lanzó sobre ella e intentó violarla, según relata a la revista Elle Francia. Juró que la destruiría y, cuando este fue detenido por el Gobierno iraní, tuvo que huir a Turquía. Posar desnuda le hubiese costado un castigo de 148 latigazos en su país de origen. Ya en Estambul, pudo trabajar un año como modelo, pero los problemas por el pensamiento conservador regresaron. "Me teñí el pelo de rojo y la gente me gritaba por la calle; lo peor eran las mujeres. Una vez, una me mordió por la calle", cuenta en una entrevista a la agencia EFE.

Las presiones sociales en Turquía y el miedo a que fuera descubierta por algún espía iraní y detenida le empujó a escapar a Francia. Conoció a un hombre que le prometió que le ayudaría. Llegó el visado y él consiguió unos billetes, pero la situación cambió y la promesa ayuda se convirtió en un chantaje sexual. Le comentó que quería alquilar una habitación de hotel nada más llegar y que ambos pasaran una semana juntos. Ante la negativa de Negzzia, la dejó tirada y a su suerte. La situación no la detuvo y se puso en marcha a París aun sin alojamiento ni dinero. Sin embargo, sin los papeles en regla conseguir trabajo le fue imposible, y más en el mundo de la moda.

Francia, el país que supondría el comienzo de una nueva vida libre, no se convirtió en el lugar donde sus sueños lograrían materializarse. El dinero para su alojamiento se le acabó después de un mes y los trámites para obtener el asilo avanzaban con demasiada lentitud. Después de meses pasando de casa en casa- un hombre llegó a encerrarla una semana en una habitación- decidió que la calle sería el único sitio donde nadie la engañaría, donde más sería libre. "La primera noche en la calle fue muy dura, pero por dentro me sentí mucho mejor", relata en su entrevista con EFE. En su cuenta de Instagram, ha compartido vídeos de su día a día sin un techo.

Pero en todo es te tiempo, nunca ha renunciado a sus sueños. Una cuarta parte de los 400 euros que percibe en concepto de ayuda por parte de Estado los invierte en acudir al gimnasio. Allí conoció a un grupo de gente que al conocer su historia, le ofreció un techo. Ahora, el reconocimiento como refugiada política y las nuevas oportunidades laborales que finalmente se le presentan, parecen ser un avisto de esperanza para esta joven iraní que su único delito fue reivindicar la libertad del cuerpo femenino.

Su cuenta de Instagram, donde ha compartido imágenes de ella viviendo en la calle, se ha convertido en una forma de rebelión y resurrección contra las normas que aún perduran en Irán. Estoy orgullosa de mí misma porque peleo por lo que quiero, porque no me vendí. Y sigo teniendo un sueño. Quiero demostrarme a mí misma y a la gente de mi alrededor que crecer no significa dejar de soñar", sentencia.