ELECCIONES REINO UNIDO

El resultado de las elecciones en Reino Unido condicionará las negociaciones del 'Brexit'

Ni conservadores ni laboristas han conseguido una mayoría que les permita gobernar en solitario. La fragmentación condicionará las negociaciones del 'Brexit', después de unas elecciones en las que también ha perdido apoyos el independentismo escocés.

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El terremoto político provocado en Reino Unido por la pérdida de la mayoría absoluta de los conservadores en las generales anticipadas en las que la primera ministra, Theresa May, esperaba una coronación ha revolucionado el panorama de un país que, además de no estar acostumbrado a gobiernos en minoría, está a punto de enfrentarse al territorio inexplorado de la salida de la Unión Europea.

Una votación convocada hace apenas siete semanas al albur de un dominio en las encuestas que anticipaban una victoria conservadora por aclamación se ha transformado en uno de los varapalos electorales más estrepitosos de la historia reciente. La responsabilidad recae sobre una May que, pese a su victoria pírrica, ha decidido formar un ejecutivo en solitario con el apoyo de los diez diputados del Partido Unionista Democrático (DUP, en sus siglas en inglés) de Irlanda del Norte.

Con 318 escaños, a la espera del recuento definitivo de la circunscripción londinense de Kensington, May ha perdido trece diputados en relación al resultado de 2015 y se ha quedado a ocho de una hegemonía que se daba por hecha. De ahí que el respaldo, aún por concretar, de los diez parlamentarios recabados por los unionistas del Ulster sea clave para una mandataria, a la que se le anticipa un futuro político breve.

Si su fracaso fue una sorpresa, aunque relativa, dada la evolución reciente de los sondeos, la recuperación del laborismo constituye una de las resurrecciones políticas más fascinantes de los tiempos modernos. Si al inicio de la campaña todas las encuestas anticipaban su aniquilación electoral, Jeremy Corbyn ha mejorado en las urnas el saldo de Gordon Brown y de Ed Miliband en sus respectivas candidaturas, con una representación parlamentaria que incrementó en una treintena de diputados.

Su éxito contrasta con la decepción del Partido Nacional Escocés (SNP), que perdió un tercio de los asientos recabados hace dos años, hasta quedar en 35, parcialmente como consecuencia, según reconoció su líder, Nicola Sturgeon, de su demanda por una segunda consulta de independencia. De hecho, el principal promotor de la primera, el ex ministro principal Alex Salmond, se quedó sin asiento, como también el 'número dos' del partido, Angus Robertson.

La noche electoral también fue dura para el UKIP, que perdió su única silla y cayó en porcentaje de votos a un 2 por ciento que llevó a su jefe de filas, Paul Nuttall, a dimitir. Los liberal demócratas, mientras, ganaron cuatro parlamentarios más, hasta recabar doce, pero no lograron capitalizar el respaldo de los partidarios de la continuidad de Reino Unido en la UE y su hasta 2015 líder, el ex viceprimer ministro Nick Clegg, perdió su escaño.

Con todo, el desastre no alcanzó para ninguna fuerza política las dimensiones registradas por Theresa May, quien no puede hallar mayor responsable de la catástrofe electoral que su osada estrategia de haberse jugado la cita a la táctica personalista, una apuesta cuestionada por la plana mayor de su propio partido, que ha cerrado filas en torno a la líder, de momento, por no desestabilizar todavía más su feble posición.

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