Carola Rackete, alemana de 31 años, de buena familia y que domina cinco idiomas, se ha convertido en una pesadilla para Matteo Salvini. Sin embargo, Rackete se enfrenta a una multa de 50.000 euros y a una larga pena de cárcel tras haber desafiado la prohibición de tocar tierra en Italia.

En la madrugada de este sábado, el barco humanitario del que es capitana atracaba en el Puerto de Lampedusa abriéndose paso entre los guardacostas, acto que el controvertido ministro del interior ha calificado de "acto de guerra": "Arrestada la señorita que ella misma se define como blanca, rica y alemana y que para pasar el tiempo ¿qué hace? Intenta hundir lanchas de la policía con agentes a bordo en Lampedusa y lo más chocante es que dice que quiere salvar vidas"

Jaleada por unos y bautizada como la corsaria negra por la ultraderecha italiana, Carola Rackete ahora está detenida, pero al menos ha conseguido desembarcar a los 40 inmigrantes y a los 21 tripulantes de su barco en una situación desesperada después de 14 días en alta mar ante la mirada atónita de los turistas.

Para el actual gobierno italiano, tanto Rackete, como otros muchos voluntarios de distintos países, no están salvando vidas, sino traficando con seres humanos, un delito que puede ser castigado hasta con veinte años de cárcel.