Hasta ahora ya han declarado en el juicio los políticos, los altos mandos policiales, los agentes de a pie y los observadores internacionales. Tras un mes de vista -más de 20 sesiones- el proceso al 'procés' está así, acusación a acusación:

DELITO DE DESOBEDIENCIA

Lo asumieron desde un principio todos los acusados: era necesario desobedecer para llegar a la independencia.

DELITO DE MALVERSACIÓN

Parece que se está probando que hubo una administración desleal de dinero público. Desde la Generalitat se encargaron carteles, campañas de propaganda, papeletas de votación… y se comprometió un gasto, aunque es cierto que algunas facturas importantes no se pagaron.

DELITO DE SEDICIÓN

Está ganando fuerza que el 20-S por sí mismo ya fue un acto de sedición, que pudo ser un alzamiento tumultuario para impedir la actuación de la justicia. Un teniente de la Guardia Civil ha narrado cómo Jordi Sànchez se convirtió el 20 de septiembre durante la manifestación ante la Consejería de Economía, prácticamente, en el jefe de la Policía: convocaba, desconvocaba, daba las órdenes de seguridad y los mossos las acataban.

DELITO DE REBELIÓN

A lo largo de las sesiones parece dibujarse una voluntad clara de contravenir la Constitución, cómo el referéndum era determinante para llegar a la declaración de independencia y romper la Constitución. La Fiscalía, por ejemplo, defiende cada vez más la figura de una rebelión sin violencia grave ni armada, una rebelión concertada por el Parlament y el gobierno catalán y apoyada en una amplia movilización social.

Lo que tendrá que valorar el tribunal a lo largo de lo que queda de juicio es precisamente el papel de la violencia.