Fútbol

El fútbol femenino como vía de escape en favelas brasileñas y villas argentinas

La Villa 31 de Buenos Aires y la favela Rocinha de Sao Paulo cuentan con escuelas donde las niñas crecen con el sueño de ser las próximas estrellas mundiales.

Fútbol entre favelas

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Los lugares más humildes de Sudamérica han visto nacer a grandes estrellas del fútbol. Sin ir más lejos, Villa Fiorito a Maradona o la favela de Tres Coraçoes a Pelé. Ejemplos como los suyos estimulan el orgullo local en sus barrios y también el de chicas jóvenes que sueñan con ser las nuevas referentes de Argentina y Brasil, que acumulan cuatro y nueve participaciones en mundiales. Con la Copa del Mundo que comenzó el pasado día 20 en Australia y Nueva Zelanda, confían en que el fútbol femenino adquiera otra dimensión.

En la Villa 31 de Buenos Aires buscan a la que podría ser una gran profesional del fútbol femenino entre murales del Pelusa. Pueden hacerlo gracias a Mónica Santino, directora técnica de La Nuestra, la fundación en la que entrena. Ella disfrutó hasta adolescente cuando la discriminación de los hombres le impidió progresar: "Empecé a recibir insultos, malos comentarios y me prohibieron jugar".

Años más tarde volvió al deporte que amaba para luchar por las jóvenes en las que se veía reflejada. "Para las niñas, jugar aquí al fútbol significa recuperar la dignidad y el orgullo villero", reconoce Santino, de 58 años. Junto con diez entrenadoras se encargan de la progresión de 200 jugadoras pequeñas, pero también veteranas puesto que el rango de edades va de los cinco a los cincuenta años.

Escuelas con futuro en favelas

A casi 700 kilómetros, en las favelas de Sao Paulo también las niñas entrenan en escuelas de fútbol. Una de ellas fue impulsada por la jugadora Christiane Rozeira, subcampeona olímpica y mundial con la selección verdeamarela. Algo que anhelan conseguir las niñas que aprenden en su escuela. "Mi sueño es jugar en grandes clubes de Europa y participar en un Mundial con Brasil", señala Gabrielle Cardoso.

La desigualdad es el pan de cada día en la favela Rocinha cuando sus equipos pierden frente a los más potentes. "Perdí contra una jugadora que su padre era rico. No tengo dinero para pagarme el bus y entrenar todos los días ni casi para comer", cuenta Nicole Pereira. Añade además que los chicos gozan de privilegios que les afectan directamente: "El campo principal era para ellos y a nosotros nos mandaban a uno horrible. Una vez me caí en el nido de un pájaro y me picó varias veces". Con todo se hace una pregunta: "¿Cómo vamos a alcanzar el sueño de ser grandes jugadoras si no nos dan la oportunidad?".

La brecha de los salarios

Paola Genes es la capitana del Olimpia, equipo de la Primera división paraguaya, y denuncia que su salario apenas le llega para cubrir sus necesidades: "A los hombres futbolistas les sobra el dinero y pueden hacer lo que quieran. Nosotras vivimos al día y con lo justo". Una opinión que secunda Camila Gómez, jugadora de la Villa 31: "Las futbolistas necesitan siempre un segundo trabajo y los hombres no".

Gracias al esfuerzo de anteriores generaciones, en el futuro las niñas gozarán de otro status en el ámbito profesional. Laurina Oliveros, portera de Boca Juniors y la selección argentina, celebra que se hayan dado pasos importantes: "Las jóvenes podrán disfrutar y no tendrán que pasar por lo que pasamos nosotras".

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