Los novillos de El Estoque protagonizan el cuarto encierro de San Sebastián de los Reyes. No es la primera vez que esta Ganadería corre por las calles de la localidad madrileña. Estos novillos tienen un historial complicado. En el 2016 dejaron a nueve heridos y en el 2017 a ocho.

Durante este cuarto encierro, acompaña al peroidista Javier Gallego, el torero Alberto López Simón. Se trata de uno de los pocos toreos que se llena de valor para correr en los encierros.

Al haber vivido en primera persona un encierro, puede contar las sensaciones que tiene un torero al jugarse la vida, no solo en la plaza, sino también al correr junto a los novillos. López Simón, asegura que ha corrido varias veces en estos encierros de San Sebastián de los Reyes pero que estos últimos años le ha dado más respeto. Afirma que el miedo que se vivie en el encierro es parecido al que puede sentir ante el toro en la plaza, sin embargo, en la calle "tienes menos control de la situación", explica Simón.

No eres el dueño de la la calle en un encierro, hay más factores alrededor, como un bordillo, más personas corriendo o incluso se puede caer alguien de ti, son cosas que no se controlan, cuenta el torero.

Para estar delante del toro, no todo vale, hay que estar en buena forma física, "por que el toro es un animal al que puedes intuir sus movimientos pero no al cien por cien, entonces tienes que estar, de reflejos y físicamente, bastante fuerte", explica el torero López Simón.

Como a otros toreros, a López Simón no le gusta ver momentos antes a los toros que va a torear por "si tienen algún comportamiento que te pueda crear un poco de sugestión en la plaza", comenta el torero.

Durante el cuarto encierro han habido algunos heridos. Correr lo más veloz posible y estar atento de que no te pille el toro, no es tarea fácil, al final "uno tira de instinto" mientras corre, asegura López Simón, ya que no hay tiempo para pensar y la adrenalina corre, y "hay que dejarse llevar por el institno de cada uno".

Los encierros de San Sebastián de los Reyes son un espectáculo imprevisible, en el que el peligro está a la vuelta de la esquina y nunca se sabe lo que puede ocurrir, explica el torero.