LOS CONSUMIDORES SE QUEJAN

LOS CONSUMIDORES SE QUEJAN

Las petroleras no repercuten la caída del precio en los consumidores

La caída del precio del petróleo a casi la mitad en los últimos seis meses no se está traduciendo a nuestros bolsillos. Mientras el crudo se ha rebajado un 43%, el precio de la gasolina y el gasoil ha retrocedido nada más que un 13.

El precio del petróleo se ha desplomado. Desde junio ha bajado nada menos que un 43%, pero lejos de la lógica, ese porcentaje no ha mejorado el bolsillo de los consumidores. La factura de los carburantes tan solo han bajado en un 13%. El Gobierno intenta desde hace meses que las petroleras repercutan en los precios de la gasolina la fuerte caída del crudo, pero no ha obtenido mucho éxito.

Mientras, desde el sector, intentan justificarse. En primer lugar, destacan que ya no se toma como referencia la cotización del petróleo para fijar los precios de los carburantes. La gasolina y el gasóleo se negocian en los mercados como cualquier otra materia prima, y estas cotizaciones significan más de un tercio del precio final que pagamos en las estaciones de servicio. Hay un segundo factor que frena la caída de los precios en los surtidores. Se trata del cambio euro-dolar. En los mercados del crudo se negocia en dólares, mientras que los combustibles se venden en euros, y lo cierto es que nuestra moneda se ha depreciado más de un 10% en los últimos meses.

Pero hay otra explicación a ese desajuste de precios entre el barril y los carburantes. Se trata de los impuestos, que no han descendido y suponen nada menos que el 50% del precio del litro que pagamos por la gasolina y el gasóleo. Por tanto, la bajada de la materia prima tan solo repercute en el 30% del precio final, mientras el 20% restante corresponde a márgenes y costes de distribución.

Frente a este esquema, sigue en entredicho el papel de las petroleras. El crudo baja, pero sus beneficios no dejan de subir. Los márgenes de las distribuidoras se incrementaron en más de un 5% en octubre. España marca además otra excepción. Aquí los precios de los carburantes, antes de sumar impuestos, son mucho más altos que la media de la Unión Europea. Más caros que en Francia, Alemania o el Reino Unido. El resultado es que llenar el depósito sigue saliéndonos muy caro y las medidas liberalizadoras del Gobierno no se han notado en el bolsillo del automovilista.

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