María Sevilla y su actual pareja habían alquilado una casa en una zona muy tranquila para pasar desapercibidos. "Era una casa derruida con cascotes por el suelo. La piscina estaba destrozada, todos los trastos tirados", afirma Carlos Cuesta, periodista de OK Diario. En la vivienda residían María y su actual pareja, el niño de 11 años y otra menor de 6 años fruto de su actual relación. Los niños vivían encerrados apenas sin salir de casa, no estaban escolarizados ni recibían asistencia médica.

Tras realizar un seguimiento de 3 semanas los agentes pudieron grabar a la pareja de María Sevilla saliendo del domicilio con los dos menores. Entonces se les identificó. Posteriormente una compra en un supermercado por un importe de 120 euros reveló que en la casa pudiera haber niños.

Cuando los agentes se aseguraron de la presencia de los menores decidieron entrar en el inmueble. Entraron habitación por habitación, pasaron por una zona que denominaron como la zona de juegos, y otra dedicada al estudio. Cuando intentaron acceder a una de las habitaciones se les abalanzó un 'pitbull' que fue repelido de una patada por uno de los agentes: Allí estaban agapazados los niños.

"La niña podría sufrir el 'síndrome del niño lobo'"

La actitud de la niña, que olfateó a los policías que se acercaron, les hizo pensar que podría sufrir el 'síndrome del niño lobo', propio de los pequeños que no están acostumbrados a relacionarse. Cuenta el periodista Carlos Cuesta que mientras los agentes arropaban a los menores la madre no dejaba de recordar a su hijo que su padre era el diablo y le instaba a llevarse sus cuadernos de culto de la iglesia evangelista y la biblia: "No te vayas sin ellos", reclamaba.

Al ser localizado por los agentes el niño de 11 años le dijo que su padre no le quería y que se lo había dicho Dios. Asimismo manifestó que de mayor quería ser padre de los pastores evangélicos.