Sonia recuerda que se encontraba poniendo una denuncia sobre la desaparición de Laia cuando les alertaron de que "fueran corriendo" a la casa de los abuelos de Laia. "Solo recuerdo que me querían meter en una ambulancia y que una amiga me abrazaba y me tapaba la cara", recuerda emocionada. Finalmente le confirmaron la fatal noticia, su hija Laia, adoptada en China cuando era un bebé, había sido asesinada por Juan Carlos, vecino del inmueble donde vivían los abuelos de la niña.

La madre de Laia vive "en el día de la marmota" desde que mataron a su hija. "No he podido volver a trabajar, me estoy medicando y revivo la película en mi cabeza continuamente", señala. "Sigo teniendo dos hijos, uno que con 15 años se ha enterado de que el mal está a 17 escalones y del que tengo que hacer un hombre que sea buena persona y que no tenga rencor", lamenta.

Cuando termina el día piensa ha pasado un día más con su hijo Guillen y le queda un día menos para estar con la pequeña Laia. "Es muy duro tener que irse ella y una quedarse aquí", destaca.