En 2011 la progenitora comenzó a decir que la pequeña no quería estar con su padre y le instó a ir a un psicólogo. Él no percibía eso ya que la niña, asegura, estaba muy contenta cuando estaban juntos. Hubo 3 años en los que el matrimonio separado vivió en una relativa normalidad en su régimen de visitas aunque asegura Daniel que hubo episodios e insinuaciones que no debería haber pasado por alto. En una ocasión la niña se golpeó en sus partes íntimas al caer de de una silla en la casa del padre y ya la madre puso en duda que se hubiera provocado la lesión de ese modo. El padre había grabado a la niña justo en el momento de la caída y los informes médicos determinaban que el hematoma se había producido por dicha caída.

La madre de la niña entra a formar parte de la asociación 'Infancia Libre' que protege los derechos de la Infancia. Dicha asociación firma un contrato de colaboración con Podemos Granada para realizar un estudio de 3 años y es la misma agrupación de María Sevilla, detenida por secuestrar a su hija para alejarla de su progenitor.

Patricia contrata a una abogada, relacionada con la asociación 'Infancia Libre' "y a partir de ese momento empieza a radicalizarse". Relata que cuando la niña tenía 7 años un psiquiatra, vinculado también a 'Infancia Libre', comenzó a medicar a su hija con psicofármacos. Extremo al que él se opuso. El juez de familia ordenó que este psiquiatra dejara de ver a la menor, pero aún así el facultativo estuvo un año y medio más tratándola.

En octubre de 2017 la madre dejó de llevar al colegio a la niña y a partir de ahí Daniel le perdió la pista hasta el pasado sábado. Tras el caso de María Sevilla, que tenía retenido a su hijo para separarle de su padre, la Policía reactivó la búsqueda de la niña. Finalmente localizaron a la menor en La Cabrera, una localidad madrileña donde Patricia vivía con su pareja y la niña a la que tenía recluída en el domicilio. La niña ya se encuentra con su padre. Cuando Daniel la fue a recoger la niña estaba llorando muy afectada, su madre la había puesto en contra del progenitor, pero señala que horas después ya se había recompuesto e incluso reía.

Esta historia tiene un final feliz para Daniel y su hija, mientras que su madre declara ante el juez pudiendo enfrentarse a una pena de cárcel. Daniel cuenta que en todo este proceso ha vivido momentos muy duros en los que ha pensado incluso en tirar la toalla. Señala que estas denuncias son "como una bala de plata" ya que aunque la justicia te absuelva socialmente siempre quedas tocado.

"Que digan que abusas de tu hijo es la mayor denigración que puede sufrir un padre. Es humillante y denigrante, cuando tienes la razón y tu mente está tranquila no tienes que hacer caso de lo que digan los demás", señala.