#Femir

Érase una vez una joven muy humilde que a base de esfuerzo, sacrificio y tesón consiguió entrar en una prestigiosa universidad. Era su gran sueño: formarse para poder trabajar y salir de la portería en la que vivía con su familia. Y fue ahí, cuando empezaba a tocar con los dedos su prometedor futuro, cuando se cruzó en el camino un apuesto príncipe. Empezaba así este cuento. El cuento entre Feriha (Hazal Kaya), la hija del portero, y Emir (Cagatay Ulusoy), el príncipe de la noche.

Y como en todos los cuentos, los sueños también traen con ellos las pesadillas. La primera y peor pesadilla fueron, sin duda, las mentiras de Feriha. Fue su gran error y pagó sus consecuencias durante mucho tiempo. A estas alturas, es absurdo detallar todos y cada uno de los embustes que Feriha fue hilvanando o el profundo dolor que provocó a Emir descubrir la verdad.

Lo que nos queda es el tremendo esfuerzo que la pareja hizo para superarlo. Las constantes peticiones de perdón de Feriha y la generosidad de Emir al, no solo perdonar el engaño, sino, sobre todo, al recuperar la confianza plena en ella. No fue un proceso fácil. Fue necesario que la pareja saltara numerosos obstáculos para que pudieran volver a mirarse a los ojos como en aquel primer encuentro.

En definitiva, las mentiras de Feriha hicieron daño, pero también provocaron que la pareja fuera mucho más fuerte. Si juntos superaron todo aquello, ¿cómo no superar las intrigas de Cansu? ¿Cómo no tolerar la presencia de una exnovia conflictiva?

Aunque, en realidad, esos secretos no fueron el gran problema de la pareja. Su principal dolor de cabeza fueron sus constantes problemas de comunicación. ¿Por qué Feriha no le dijo antes la verdad a Emir? Porque no encontró ni el momento ni las palabras para confesar. ¿Por qué Emir no le dijo desde el primer momento el “incidente” con Rüya? Porque no encontró ni el momento ni las palabras para confesar. ¿Por qué la pareja estuvo tres años separada? Porque Feriha no se tomó ni un momento para pensar y Emir no encontró las palabras con las que justificar su actitud de superhéroe con su ex novia.

Su gran problema fue que cuando ya eran una pareja consolidada se olvidaron de hablar o, siendo más exactos, no conseguían comunicarse porque cada uno defendía su punto de vista sin escuchar el del otro. Feriha no soportaba las ausencias de Emir y él no supo ver cómo le pesaba la soledad a su mujer.

Terceros en discordia irrelevantes

Porque definitivamente los grandes enemigos de Feriha y Emir fueron ellos mismos. Ninguno de los múltiples secundarios que intentaron desestabilizar su relación consiguió su objetivo. Y la lista es larga.

La primera fue Hande, que asumió rápido que Emir nunca la vería como algo más que como una amiga. Cansu intentó tomar el relevo, pero era aún más insignificante para el príncipe de la noche. Halil optó por una estrategia más radical, pero lo único que consiguió fue, no solo darle la oportunidad a la pareja para reconciliarse, sino convertir a Emir en el héroe salvador de la princesa. Rüya fue tan fugaz que casi cuesta hasta recordar su amago de chantaje emocional.

Los únicos que se acercaron mínimamente a su objetivo fueron Levent y Ece. Y ambos utilizando la misma estrategia. Ambos aparentaron ser dos inocentes palomas que no aspiraban a nada, que no esperaban nada, que se conformaban con estar al lado de sus seres amados como amigos, confidentes o consejeros. Pero, en realidad, eran buitres al acecho de cualquier paso en falso de Emir o Feriha, de cualquier vulnerabilidad, de cualquier signo de debilidad en la pareja para saltar sobre su presa y apropiarse de ella.

Ece y Levant estuvieron en la vida de Emir y Feriha durante tres años, pero nunca fueron su vida. Eran los suplentes que estaban sobre el campo mientras que los titulares se recuperaban de las lesiones sufridas.

Y ambos cometieron el mismo error. Confiarse. Creer de verdad que Femir era de verdad un asunto concluso. Creer que regresar a Estambul no iba a cambiar esa relación de apariencias de Feriha y Levant. Creer que la reaparición en escena de la ex no iba a tener consecuencias en el frío compromiso de Emir y Ece.

Cuando Emir y Feriha estuvieron frente a frente, cuando se miraron a los ojos, cuando tuvieron esa conversación pendiente, cuando se entendió el malentendido, Ece y Levant volvieron, no ya al banquillo, sino a la grada. Por no decir que salieron del terreno de juego para no volver a ser convocados nunca más.

Padres omnipresentes vs padres ausentes

Y rodeando a los Femir siempre estuvieron también sus respectivas familias y, pese a las diferencias abismales entre los Yilmaz y los Sarrafoglu, estaban de acuerdo en lo fundamental: mantener lo más lejos posible a sus hijos. Eso sí, los motivos eran muy diferentes.

Para los Yilmaz Emir era el enemigo, aunque nunca entendimos el porqué. Emir no denunció a Mehmet cuando le robó el coche y hasta permitió los pagos a plazos de la deuda. Emir siempre respetó, cuidó y protegió a Feriha. Emir salvó a Feriha de la locura de Halil. Emir intentó, a su manera, ayudar a su familia política cuando tuvo ocasión.

Pero, aun así, Riza siempre lo vio como el peor error de su hija. Ni siquiera cuando su candidato a yerno ideal demostró su verdadera cara y su enemigo número uno sí estuvo donde tuvo que estar, admitió que su hija sí tenía criterio y sí había elegido a un buen hombre para compartir su vida.

Y en todo ese largo y complicado proceso de integración de Emir en el universo Yilmaz fue cuando más echó de menos a un personaje básico en esta historia. Zhera. Probablemente Emir hubiera cruzado mucho antes la puerta de la portería si Zhera hubiera estado allí y probablemente Feriha hubiera sido mucho más reflexiva de haber contado con los consejos de su madre.

De Mehmet es complicado hablar, aunque justo es reconocer su profunda evolución. Pasó de considerar a Emir su mayor enemigo a convertirse en el mayor defensor de su cuñado.

Los Sarrafoglu también pusieron a Feriha en su lista negra, aunque en este caso hay que reconocer que tenían algo de razón. Feriha mintió a Emir. Pero hasta ahí. Su actitud después dejó mucho que desear, pero ¿qué esperar de una madre que abandonó a su hijo para rehacer su vida o de un padre que dejó su cuidado en manos de atractivas niñeras? Nunca fueron capaces de escuchar y de entender a su hijo. Quizá porque siempre fue un desconocido para ellos.

Amigos incondicionales

Pero si Emir no tuvo suerte con su familia, sí la tuvo con sus amigos. Koray ha sido ese amigo que todos queremos tener en nuestra vida. El amigo que aparece cuando hace falta y que desaparece cuando es necesario. El amigo que dice las verdades que no queremos escuchar. E incluso Hande, cuando superó su fase romántica, se resultó ser una leal compañera.

Y si Emir fue afortunado en amigos, Feriha arrastró esa carencia toda la historia. Feriha no tuvo esa amiga fiel y leal con la que desahogarse. Tuvo amagos en la universidad y Gulsum estuvo cerca, pero su prima se concentró demasiado en salvar un matrimonio que hacía aguas antes incluso de firmar el libro de familia y no tuvo tiempo de ser el pañuelo de lágrimas de Feriha.

Seher, en su calidad de cuñada, también pudo ocupar ese rol, pero estaba demasiado ocupada en rentabilizar su información.

Lástima que Feriha no compartiera más escenas y más confianza con Lara, uno de los personajes secundarios más brillantes, interesantes y certeros que ha tenido esta historia. Hubiera sido una amiga maravillosa para Feriha.

En resumen, hemos sido testigos del romance entre un príncipe encantador (con algunos momentos en los que se convirtió en rana) y una humilde muchacha (con todas las imperfecciones de un ser de carne y hueso).

Pero, al final, con todas sus luces y sus sombras, Emir y Feriha demostraron bailando juntos y felices que mentiras, secuestros, disparos, peleas familiares, malentendidos y demás obstáculos no pudieron destruirlos porque, en los cuentos de hadas como éste, el amor sí es suficiente.

Y colorín colorado, el cuento del príncipe de la noche y la hija del portero se ha acabado.