AYUDA DE PROFESIONAL

Cómo combatir el miedo infantil

Te damos algunas orientaciones para enseñar a tu hijo a enfrentarse a sus miedos y que no se conviertan en algo patológico.

Dos niñas sentadas en unas escaleras con cara de susto.

Dos niñas sentadas en unas escaleras con cara de susto. Pexels

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Que los más pequeños sientan miedo es algo natural, se denominan miedos evolutivos y se manifiestan de formas distintas según la edad del niño. Como padres y madres, intentamos que no supongan un problema en su día a día, pero a muchos progenitores nos faltan herramientas a la hora de orientar a nuestros hijos a superar los miedos más comunes de la infancia.

En NovaMás hemos hablado con Mª Ángeles Sánchez, psicóloga infantil y directora de Crecer, Gabinete de Psicología Infantil para que nos explique qué debemos hacer para ayudar a nuestros hijos e hijas a superar los miedos infantiles más comunes.

Patrón cronológico de los miedos infantiles

La intensidad del miedo y la naturaleza del mismo depende de la edad que tengan los más pequeños. Según la Doctora Mª Ángeles Sánchez, psicóloga infantil, se puede hacer una clasificación de tipos de miedo por edades. Es la siguiente:

  • Bebés 0-6 meses: pérdida súbita de la base de sustentación (del soporte) y ruidos fuertes.
  • 7-12 meses: aparición de personas extrañas y objetos inesperados.
  • 1 año: ansiedad por la separación de los padres, miedo a las personas extrañas, a los retretes y a las heridas.
  • 2 años: ansiedad por la separación de los padres, miedo a los cambios en el entorno personal, a los ruidos fuertes -sirenas, aspiradores, alarmas, etcétera-, a objetos o máquinas grandes, a los animales y a la oscuridad.
  • 3 años: ansiedad por la separación de los padres, miedo a los animales, a las máscaras y a la oscuridad.
  • 4 años: ansiedad por la separación de los padres, miedo a los ruidos fuertes, a los animales y a la oscuridad.
  • 5 años: ansiedad por la separación de los padres, miedo de la "gente mala", a sufrir lesiones corporales y a la oscuridad.
  • 6 años: ansiedad por la separación de los padres, miedo a los seres sobrenaturales, a sufrir lesiones corporales, a los truenos y relámpagos, a dormir o estar solos y a la oscuridad.
  • 7-8 años: miedo a los seres sobrenaturales, a sufrir lesiones corporales, a estar solos, a la oscuridad y temores basados en sucesos emitidos en los medios de comunicación.
  • 9-12 años: miedo a enfrentarse a los exámenes, a tener un bajo rendimiento académico, a los cambios de su aspecto físico, a sufrir lesiones corporales, a los truenos y relámpagos, a la muerte y, en pocos casos, a la oscuridad.

"Los miedos son naturales y universales, suelen ser pasajeros y evolucionan formando parte del proceso de crecimiento", asegura la doctora Sánchez. "Hay que tener en cuenta que los miedos forman parte de nuestro instinto de supervivencia y del desarrollo evolutivo del ser humano y que solo es negativo si se convierte en patológico, en una fobia, o si deriva de algún hecho traumático", añade.

El apoyo de los padres es fundamental

Según la psicóloga infantil, "Los padres deben y pueden mitigar estos miedos para que no se vuelvan permanentes". Y comparte algunas orientaciones para que los adultos no reaccionemos con exceso a los temores de los niños, seamos un apoyo tranquilo y reforcemos el comportamiento de superación del miedo.

No mostrar preocupación

Los niños interiorizan el comportamiento que observan en los padres. Es fundamental que no muestren ante los más pequeños una excesiva preocupación, porque se convierten en un mal modelo y aumentan la tensión que los pequeños sienten.

Avanzar paulatinamente

La solución para superar un miedo no es evitarlo, sino enfrentarse a él, pero con calma y sentido común. No hay que forzar que las criaturas efectúen las conductas que temen de forma abrupta. Lo más aconsejable es trazar un plan de actuación que progrese de forma paulatina, reforzando los avances con algún premio o acción de su agrado. Del mismo modo, hay que restar importancia a los retrocesos.

Buscar ejemplos

Si un pequeño ve cómo un padre o una madre -es más efectivo con un modelo de su misma edad- puede efectuar la conducta temida y no tiene consecuencias negativas ni para él ni para su entorno, le enseña a perder poco a poco el miedo porque asimila ese patrón de conducta.

Evitar el ridículo, las amenazas y la violencia

Se deben centrar los esfuerzos en buscar soluciones para superar los miedos, no en castigar ni menospreciar los sentimientos del pequeño que sufre delante de sus compañeros o familia.

Del mismo modo, es importante procurar que las personas de su entorno inmediato no le lancen mensajes amenazadores con frases como "si no comes llamaré a…" o "si no te portas bien se lo diré a…".

Tampoco es recomendable que los niños que tienen miedo vean películas de terror, realicen actividades o participen en juegos que comporten violencia y miedo.

Consejos para superar el miedo a los ruidos fuertes

La psicóloga infantil Mª Ángeles Sánchez nos da una serie de pautas a seguir para ayudar a los niños y niñas a superar el miedo a los ruidos fuertes:

1. Determinar a qué sonidos tiene miedo y hacer una lista en el orden del miedo que provocan.

2. Grabar los ruidos.

3. Explicar al niño que le vamos a ayudar para que deje de tener miedo.

4. Poner en práctica técnicas de relajación y conectar las grabaciones a un volumen bajo y poco a poco ir subiendo el nivel mientras permanece tranquilo. El objetivo es conseguir que pueda escuchar la grabación a gran volumen durante períodos largos.

5. Utilizar experiencias reales. Por ejemplo, estallar un globo o dar un martillazo e intentar que con el tiempo sea él quien haga la acción.

Consejos para superar el miedo a la oscuridad

Es muy común que en varias etapas de la infancia los niños muestren miedo a la oscuridad. Los adultos podemos ayudar a afrontar ese miedo de diversas maneras. Además de encender un piloto luminoso y mantener la puerta de su habitación abierta para que entre luz del exterior -apoyos que se deben ir retirando poco a poco- se pueden aplicar técnicas de juego de forma diaria durante media hora; siempre elogiando y premiando al pequeño por su esfuerzo y colaboración.

Según la psicóloga infantil, estos juegos pueden ser los siguientes:

  • La gallina ciega. Con la luz encendida, uno de los padres se venda los ojos y busca a niño hasta que la encuentra. Después se intercambian los papeles. La primera vez los padres se dejan cazar rápido y se va aumentando progresivamente el tiempo.
  • El escondite. Uno de los padres se esconde en el dormitorio infantil con la luz apagada para que el pequeño entre y lo busque en la oscuridad. A continuación se invierten los roles. El adulto incrementa gradualmente la dificultad de la prueba.
  • La búsqueda del tesoro. Los padres colocan un pequeño tesoro envuelto con papel de regalo llamativo en el dormitorio que se encuentra a oscuras. Le informan de su ubicación y el niño debe encontrarlo sin encender la luz, cogerlo y sacarlo al exterior para abrirlo. Cada vez lo ponen en un lugar menos accesible hasta que no le comunican dónde se encuentra.
  • La bella durmiente. El niño entra solo en su habitación con la luz encendida y cuando uno de los progenitores avisa de que ya va, el niño apaga la luz y se tumba encima de la cama. El adulto entra a oscuras y le da un beso, momento en que finge despertarse y enciende la luz. Se alarga sucesivamente el intervalo de estancia a oscuras en la habitación.
  • Animales amigos. El pequeño espera tumbado en su dormitorio a oscuras a que sus padres emitan desde fuera de la habitación el sonido de un animal, cuyo nombre debe adivinar. Se empieza por animales fáciles de acertar y se prosigue con otros más difíciles. Se evitan animales atemorizadores. El tiempo entre sonidos se va alargando paulatinamente.

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