Actitud positiva. Para la coach especializada en crecimiento personal, Bibiana Villa, es importante “visualizar como queremos que vaya la comida, ya que en esta imagen radica gran parte de nuestro éxito”. Parece una perogrullada, pero lo cierto es que si vamos predispuestas a que todo vaya mal, seguramente irá mal. En este sentido, es imprescindible “huir del victimismo y no tomarnos las cosas como algo personal”, explica Villa. Esta habilidad, la de “conseguir que las críticas nos resbalen como la lluvia en un chubasquero” se logra con la práctica, ya que el error que cometemos es culpar a los demás de cómo nos afectan determinados comentarios, sin tener en cuenta que las únicas responsables de nuestras emociones somos nosotras mismas.

No te pases con el alcohol. Lo sabes, y aún así empinas el codo como única vía de salvación entre la avalancha de “se te va a pasar el arroz”, “y la parejita para cuándo” o “parece que has cogido unos kilitos”. Craso error. Mientras comes y charlas parece que el alcohol no ha hecho de las suyas, hasta que llega el momento terrible de que te levantas para ir al baño y te encuentras a ti misma haciendo eses ante tu familia política. El ridículo es lo de menos, lo que importa es que puede que te pongas más irascible y mucho más sincera. ¿Un truco? La nutricionista Pilar Esquer lo propone a sus pacientes: “Se trata de llenar un vaso de vino y otro igual, al lado, de agua. La idea es que los dos bajen a la vez, y que nunca se consuma más vino que agua”.

No critiques a nadie. Ni políticos, ni famosos, ni por supuesto a nadie que no se encuentre en la mesa (y mucho menos a alguien que esté presente). Esta actitud ayudará a crear un ambiente alegre y agradable. Es más, según Villa, es conveniente no solo no criticar, sino decir cosas bonitas a la gente, “algo a lo que estamos poco acostumbrados porque tendemos a ver solo lo negativo”. Así pues, si alguien está guapo, o se ha cambiado el peinado o, en definitiva, ha hecho cualquier cosa susceptible de un piropo, no nos lo guardemos para nosotras: decirlo destensará el ambiente una barbaridad.

No te sientes al lado de los que no te caen bien. Hay que ser astuta y escoger esa silla al lado de los comensales que te caen mejor. Probablemente evitarás tener que hablar largo rato con los que no te caen tan bien, con quienes tal vez solo coincidas unos minutos en la sobremesa.

Pareja enfadada | iStock

Busca momentos para ti. Las Navidades son muy intensas y solemos acabar con empacho de familia. Para hacerlo más llevadero, es fundamental encontrar huecos para estar solas, ver a nuestros amigos, hacer planes en petit comité con nuestro núcleo familiar, leer, ir al cine, practicar deporte. Si hacemos un intensivo de familia, es muy probable que al final salte la chispa.

Ceder. Si tienes pareja, ya sabes lo que toca. Un día con su familia y otro con la tuya. Si no sigues esta máxima es muy probable que la trifulca esté servida y acabes amargándote las fiestas.

No alargues demasiado las sobremesas. Hay mil trucos para evitar una larga sobremesa, tras haber comido y bebido demasiado (ninguna de las dos cosas ayudará a que nos sintamos más relajados y con menos ganas de discutir). Propón salir a pasear con un pequeño grupo, ponte a jugar un rato con los niños, intenta tener un plan para la tarde o, si es tu casa, también puedes invitar a amigos a tomar café, que seguramente romperán el hielo y harán que la energía del ágape cambie de derroteros.

Planea las conversaciones. Puede parecer freak, pero nada mejor que llevar preparadas una serie de seis o siete conversaciones intrascendentes pero con gancho que puedan distender el ambiente, especialmente cuando los derroteros vayan hacia la política. Que estás tomando probióticos y te sientan de muerte; lo bien que está Chenoa, que está cada día más guapa; o que dejar de roncar es posible. También puedes tirar por las series de Netflix, por alguna novela buena que hayas leído o cualquier otro tema que no haga enzarzar al personal en discusiones acaloradas.