No todos los días estamos con el ánimo arriba, al igual que nuestra autoestima no siempre está al 100x100. Y hay veces que esto nos puede jugar una mala pasada si lo proyectamos en y/o contra nuestra pareja. Los ejemplos más clásicos cuando se tiende a compararse e inferiorizarse con el/la compañero/a son: sentirse poca cosa a su lado, verle más atractivo que tú, comparar su trabajo con el tuyo, no parar de pensar que tiene más éxito laboral y/o social que tú, comparar su inteligencia con la tuya, verle más divertida y/o más interesante que tú. ¿Te ves reflejado en alguna de estas situaciones?

Es habitual que el ser humano tienda a compararse, de hecho, lo hace constantemente. Pero hay personas que lo utilizan para mejorar aspectos propios, físicos, laborales o sociales y otras que más que para mejorar lo utilizan para echarse piedras sobre sus tejados. Si eres de este segundo grupo y estas comparaciones se limitan solo a los días que estás más de bajón, esos en los que de repente todo te sale mal, quieres tirar la toalla y te niegas a salir de la cama, ¡vale! Es normal que en momentos puntuales tiendas a no valorarte lo suficiente y te desesperes con la vida. Pero en este caso hablaríamos de momentos puntuales, no de un complejo de inferioridad continuo.

Si no puedes salir de la espiral que tu mismo te has creado al compararte continuamente con tu pareja en todo, he aquí la respuesta que te cambiara la forma de verle: jamás serás igual que él/ella, porque tú eres diferente, y esto no quiere decir que seas inferior, sino que tienes todo para dejar de verte como una mierda a su lado. Puedes llegar a inspirarte en tu pareja, pero no tienes que ser como él/ella. Es más: ¡qué aburrido sería ser un clon!

Pareja | iStock

Pero antes de nada, ¿por qué te sientes inferior? Depende de muchos factores, puede que sea cosa tuya, que de por si seas una persona insegura, puede que tengas muy idealizada a tu pareja, pero también puede que sea porque te has topado con un narcisista y esto esté afectando a tu autoestima. Que es básicamente una persona que no para de menospreciar “sutilmente” tu físico, tu inteligencia y te habla como si fuera tu maestro o un padre/madre en lugar de un compañero.

De hecho, puede que incluso vaya a más y te cuestione abiertamente todo lo que haces o dejas de hacer, tu aspecto, tus decisiones, tu forma de vestir, tu trabajo, tus amigos, tu forma de ser… Puede incluso que te sientas más su hija/o que su pareja, pues no para de dejarte claro que está por encima de ti en todo. Mucho/as llegan incluso a creerse que la propia relación es una lucha de poder.

Las consecuencias de todo esto también pueden ser múltiples, desde que te creas su discurso y lo hagas tuyo, hasta que incluso no llegues a ver las cosas positivas que tú tienes. De hecho, si esto se te escapa de las manos es mejor que hables con una sexóloga sobre el tema, seguro que ella te ayudará a profundizar en el origen de esto y a trabajar sobre tu autoestima y tu relación. No dejes que la situación acabe provocándote una depresión. ¡Toma cartas en el asunto!

Otro de los métodos que puedes aplicar como posible solución a la situación que estás viviendo es hablarlo con tu pareja, en el caso de que no sea un/a narcisista patológico, ya que lo lógico es que al compartirlo tu pareja se preste a intentar ayudarte, empezando por valorarte para que sientas todo lo que ve de positivo en ti y te creas todo lo que tienes que te hace especial.

En el caso de que tu compañero/a te diga la típica frase: eso es una tontería; quitándole importancia y valor a lo que le estás contando, es muy probable que a) no sea consciente de que él/ella está en una situación de superioridad o b) no quiera salir de ella. En este caso no dejes pasar la oportunidad de ponerte en contacto con una sexóloga, para que te muestre todos los recursos emocionales que tienes y no estás utilizando.

Y sobre todo y volviendo a la idea principal de que no puedes ser como tu pareja porque eres diferente, intenta dedicarte tiempo a ti, a conocerte a fondo y a aceptarte y valorarte por lo que eres. Tómatelo con calma, esto es una carrera de largo recorrido, no es algo que puedas solucionar chasqueando los dedos, pero sí que puedes reconocer las batallas que vayas ganando. Si lo haces, verás como tu pensamiento va a ir cambiando y terminarás dándote el valor que te mereces. Sin sentirte inferior a tu pareja, ni a nadie.