Ahora que tenemos más tiempo libre en casa y que estamos más concienciados con la importancia de la limpieza y de la higiene, parece que estamos invirtiendo más tiempo en la limpieza de la casa. Sin embargo, de poco sirve limpiar suelos y muebles si no cuidamos todos aquellos objetos con los que mas entramos en contacto, como los vasos, cubiertos, toallas y por supuesto, las sábanas.

No obstante, la ropa de cama es un importante nido de bacterias y restos de fluidos. Hay que tener en cuenta que, en nuestra almohada también descansan cientos de microbios que provienen de nuestra boca, nuestra cabeza e incluso de nuestra cara. Así, según un estudio publicado en Allergy, las almohadas sintéticas y de plumas pueden llegar a ser la fuente principal de hongos y productos fúngicos. Esto tiene implicaciones importantes para los pacientes con enfermedades respiratorias, especialmente en los casos de asma y sinusitis.

Uno de los motivos de esta acumulación de hongos es precisamente el sudor de las personas, que crea un ambiente húmedo perfecto para que proliferen los mismos. Todo ello teniendo en cuenta que una persona, de media, puede llegar a sudar 0,9 y 1,7 litros cada hora a lo largo del día.

Sin embargo, hay situaciones en las que podemos acumular mucho más sudor en nuestras sábanas, como es a la hora de tener sexo. No solo sudor, sino también otro tipo de fluidos como flujo vaginal o semen. De hecho, hay estudios que afirman que las mujeres expulsan varios tipos de fluidos durante la actividad sexual, diferenciando momentos como la excitación sexual, el orgasmo o fenómenos como el squirting.

Cambiar sábanas | iStock

Es por ello que, precisamente después de tener una sesión de sexo, resulta más importante lavar nuestras sábanas. La clave para poder tener una buena desinfección es dar calor a los tejidos, lavándolos con alta temperatura.

Sin embargo, esto tampoco debe traducirse con hervir la ropa y echarla a perder, todo dependerá del tipo de tejido, pero la recomendación es que el agua alcance como mínimo los 30 grados.

Otra idea es dejar la ropa un poco más de tiempo en la secadora, si se dispone de ella, para aprovechar también el calor generado en la misma, sobre todo en el caso de necesitar eliminar cualquier sospecha de virus.

Por otra parte, en cuanto al detergente, en el caso de necesitar realizar una desinfección más que un lavado normal, este también debe ser tenido en cuenta. A este respecto, hay expertos que recomiendan detergentes que contengan una solución de lejía, como medida de protección ante posibles virus.

Igualmente, en el caso de que se mantengan relaciones diarias y no sea posible lavar las sábanas a ese ritmo, por una cuestión de no derrochar agua, crear un exceso de residuos de detergente y al final, estropear todas nuestras sábanas, hay que señalar que, de ser necesarios, también existen desinfectantes en forma de pulverizador, que se usan más comúnmente para la ropa de calle.

Hay que recordar que, según la Asociación Americana de Dermatología, la recomendación general es la de lavar las sábanas mínimo una vez por semana, aunque las fundas de almohada deberán pasar por la lavadora dos o tres veces por semana, por una cuestión de salud general, pero también como una forma de cuidar nuestra piel.

Esta recomendación varía según los casos, por ejemplo, si hay alguien enfermo, o las temperaturas son altas, y se genera mayor cantidad de sudor, por lo que la ropa debería lavarse con mayor frecuencia.

De la misma forma, la frecuencia con la que tengamos relaciones sexuales en la cama también podría ser un indicador de que es necesario lavar la ropa de cama con una mayor frecuencia.