En verano, las altas temperaturas hacen que nos vayamos quitando telas de encima y lo mismo sucede con nuestro calzado: pasamos de llevar los pies protegidos por zapato cerrado a dejarlos al viento con zapato más abierto. Pensamos que este simple gesto, llevar al pie al fresco, no tiene consecuencias y vaya si las tiene.

“La función principal del pie-tobillo es doble, primero de amortiguación, de absorber el impacto de nuestro cuerpo contra el suelo, y la segunda de propulsión, de impulsarnos. En verano utilizamos calzado que deja nuestro pie al descubierto para que transpire mejor, y muchas veces para que se pueda mojar en piscinas o en la playa, pero la forma en la que sujeta nuestro pie es muy diferente a la del calzado de invierno, donde todo nuestro pie esta abrazado y sujeto”, explica Javier Labrador, fisioterapeuta en Khinn Center.

El experto diferencia dos tipos de calzado veraniego: “La típica chancla que deja el talón al descubierto , que engancha por el primer dedo o dedo gordo, y aquella que pasa por encima del ante pie y también abraza el talón. Esta segunda es segura y no cambia en gran manera nuestra forma de caminar con el calzado de invierno”, explica.

Pero sobre el primer tipo de chancla hay alguna cosa que decir: “Al dejar el talón al aire tiene consecuencias, porque altera la mecánica de la marcha, o sea, el acto de caminar”.

¿Qué puede sucederte si optas por este tipo de calzado? “El primer peligro es el aumento de riesgo de padecer esguinces de tobillo. Esta es una lesión donde los ligamentos que sujetan el tobillo se rompen parcial y/o totalmente. Esto es debido a la mayor inestabilidad que produce este calzado por no sujetar el talón, y nosotros al caminar en la fase de apoyo, este lo hacemos con el talón”.

Segundo riesgo: los llamados dedos en garra. “Los dedos adoptan esta posición porque como sólo hay un enganche entre el primer y segundo dedo, estos deben flexionarse para crear apoyo e impulsión, impulsión que deberíamos hacer con la base de los dedos, que se llama metatarso”, añade.

Los esguinces son muy habituales en verano | iStock

Además, el cambiar la mecánica de cómo caminamos tiene más efectos, como es el muy común de la fascitis plantar. Es una inflamación de la planta del pie, donde está este tejido que se llama fascia, es un tejido duro, se llama tejido conjuntivo, que en el pie tiene la función de ayudar a crear el arco plantar.

Su sintomatología es dolor en la planta del pie, sobre todo cuando llevamos tiempo parados y comenzamos a caminar, o después de dormir y levantarnos de la cama, es un dolor muy puntual, como si nos clavasen agujas en la base del pie”.

Ojo también con andar descalzos: “El problema, una vez más, es que te pasas once meses al año con un calzado, que hace que tu biomecánica al caminar sea distinta con calzado a no llevarlo, y esto también afecta tu musculatura y tejido de sujeción.

“Andar descalzo supone un mayor esfuerzo o trabajo por parte de nuestros músculos impulsores y estiramiento. Este esfuerzo se incrementa si además lo hacemos en la playa y donde la arena está blanda, ya que este terreno no nos hace rebotar y tenemos que hacer mucho más esfuerzo al correr. Es como si corrieras en nieve blanda, el trabajo es mucho mayor”, dice el fisioterapeuta. Tampoco hay que olvidar que si lo haces en casa, puedes generarte alguna fractura de golpes en muebles, paredes, etc.

Consejos:

- Intenta caminar lo menos posible con sandalias o chanclas que no tengan agarre en tu talón.

- Y si quieres caminar descalzo, hazlo en la zona donde la arena esté dura y no te hundas.