Nuestras vidas han cambiado tanto en las últimas semanas que es fácil atribuir estos desajustes al estrés que, en mayor o menor medida y por los más diversos motivos, nos provoca el confinamiento. Se ha repetido mucho, de hecho, que el estrés puede provocar alteraciones en el hipotálamo que podrían afectar directamente al ciclo menstrual, una teoría que defienden numerosos profesionales sanitarios, aunque lo cierto es que no existen investigaciones científicas concluyentes que avalen esta tesis.

Entre los estudios científicos que han estudiado la relación entre estrés y menstruación encontramos el que se publicó en 2004 en la revista Occupational and Enviromental Medicine, que señalaba que hasta el 44% de las mujeres que reconocían tener un alto nivel de estrés padecía dismenorrea o dolor menstrual, frente al 22% que consideraba que su nivel de estrés era bajo. Por su parte, la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) señala que unos niveles elevados de estrés pueden incluso causar amenorrea (una desaparición de la menstruación debido a las señales que, desde el hipotálamo y la hipófisis, controlan la ovulación).

Otro estudio, en este caso realizado por la Eunice Kennedy Shriver National Institute of Child Health and Human Development (NICHD), en Estados Unidos, señala que unos niveles altos de estrés justo antes del periodo podrían empeorar los síntomas premenstruales, sobre todo los relacionados con la dismenorrea o dolor menstrual. La investigación concluye, además, que las técnicas de reducción de estrés justo antes del periodo podrían mejorar los síntomas en las mujeres que toman habitualmente analgésicos con la menstruación. Por otro lado, la Pennsylvania State University señalaba en un reciente estudio, en este caso de 2019, que tanto el estrés como los cambios en la rutina o tener relaciones sexuales tras un tiempo de inactividad podrían provocar adelantos en el ciclo menstrual.

No existe, sin embargo, un consenso en la comunidad científica sobre los efectos del estrés sobre el periodo, ya que, para empezar, a menudo es complicado definir bien qué consideramos estrés. “Estrés era cuando estabas en la cueva con tus cuatro niños y venía a comerte un león”, explica el ginecólogo Antonio Gosálvez, director de la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Universitario QuirónSalud, en Madrid.

“Ahora llamamos estrés a estar agobiados por tener muchas cosas que hacer y el hecho de que ese grado de preocupación pueda influir en el ciclo menstrual no es más que uno de los muchos falsos mitos que circulan sobre el tema”.

Gosálvez, de hecho, equipara esta idea con la creencia muy extendida de que cuando las mujeres conviven se les sincroniza la regla, “Una teoría que carece de cualquier tipo de fundamento científico”. La realidad, según el experto, es que el ciclo menstrual es un ciclo vivo y, pese a que sigue ciertas pautas, “Puede ir cambiando a lo largo de la vida, puesto que un ovario no es un reloj de precisión: hay épocas en que algunas mujeres se les cae más el pelo o sienten una tensión mamaria más aguda, y todo ello entra dentro de la normalidad y explica el hecho de que no todas las reglas tienen por qué ser iguales”.

Regla | iStock

El problema llega, según Gosálvez, cuando “Nuestro cerebro intenta desesperadamente buscar una explicación a un fenómeno al que tal vez en otro momento no daríamos importancia, y es cuando aparecen teorías como la del estrés o la sincronización de la menstruación”. Esto último, de hecho, no es más que fruto de la casualidad, ya que, según Gosálvez, “Si varias mujeres tienen ciclos de 28 días lo más normal es que en algún momento coincidan, y cualquier explicación que se le intente dar es totalmente subjetiva”. E insiste: “No existen evidencias científicas concluyentes de que una humana altere su ciclo menstrual por razones como el estrés o la convivencia con otras mujeres”.

Sí las hay, sin embargo, de que las mujeres con síntomas premenstruales graves podrían tener complicaciones a largo plazo de diversa índole. Un estudio realizado por al Universidad Nacional Yang-Mig de Taiwan, publicado en la revista Pain, señala que la dismenorrea puede llegar a provocar alteraciones en el sistema nervioso, afectando incluso a la estructura cerebral. Otra investigación, en este caso realizada por la Universidad Budista Internacional de Osaka, en Japón, coincide en que las mujeres con síntomas premenstruales graves podrían tener, a medio y largo plazo, afecciones en el sistema nervioso autónomo.