La mayoría de miomas suelen ser asintomáticos y no deben operarse, aunque en determinados casos sí que pueden requerir cirugía. Aunque el diagnóstico de miomas supone en algunos casos un shock inicial, la mayoría de mujeres que los tienen viven con ellos sin problemas, ya que no suelen producir síntomas y tienden a desaparecer o reducir su tamaño con la llegada de la menopausia.

Sin embargo, existen determinados casos en que los miomas producen una sintomatología y pueden requerir una cirugía para extirparlos. “Hay diversos supuestos en los que habría que considerar operar los miomas. En primer lugar, si dan lugar a un sangrado excesivo, cosa que ocurre con los miomas submucosos, es decir con los que se encuentran dentro de la cavidad uterina, así como en el caso de que crezcan de forma muy rápida”, explica la ginecóloga Miriam Al Adib Mendiri, autora del libro 'Hablemos de vaginas' (Anaya, 2019).

Otro supuesto en el que habría que considerar la extracción de los miomas es cuando estos producen una compresión excesiva, que se traduce en que el crecimiento del útero puede presionar otros órganos, de manera que “al presionar el uréter puede haber un cólico nefrítico, por ejemplo”. También es posible que los miomas hagan presión en órganos como la vejiga, provocando unas frecuentes ganas de orinar que interfieran en la calidad de vida, o incluso en los intestinos, lo que podría causar molestias en el tracto intestinal.

En estos casos, se suele valorar una operación para extraer los miomas, que puede incluir extirpar el útero o únicamente el o los miomas, algo que se estudia siempre de forma personalizada en función no solo de la tipología, tamaño y características del mioma, sino también del deseo reproductivo de la mujer. “Cuando una mujer no tiene deseo reproductivo, e incluso tal vez ha sido ya operada de miomas con anterioridad, se puede valorar la retirada completa del cuerpo del útero”, explica la ginecóloga. “En este caso, se mantienen tanto los ovarios como el cuello del útero, de manera que no se da la menopausia, y la mujer sigue ovulando con normalidad”.

Quirófano | iStock

Al Adib Mendiri insiste en que se estudia cada caso de forma personalizada, tanto a la hora de decidir si se practica una miomectomía (extirpar los miomas) o una histeroscopia (cirugía que se hace accediendo al interior del útero por vía vaginal) como de escoger la mejor técnica en cada caso, pues existen varias disponibles.

La ginecóloga explica la necesidad de contemplar las particularidades de cada caso, pues “Puede ocurrir que una mujer cercana a los 40 tenga que ser operada de miomas pero a la vez desee un embarazo, de manera que conviene estudiar bien cuál es la mejor opción. Si la cicatriz del útero cuando se opera un mioma llega hasta la cavidad uterina, habrá que esperar un tiempo antes de buscar un embarazo, de manera que se debe valorar si el mioma puede ser compatible con la gestación y si tal vez podría ser conveniente extirparlo más tarde para no tener que aplazar el embarazo”. En este sentido, Al Adib Mendiri explica que los miomas no siempre dificultan el embarazo. En función de su tamaño y localización, “pueden no afectar en absoluto o pueden dar problemas”.

Pese a que el método más habitual para tratar los miomas es la cirugía, se pueden extraer también por laparoscopia si su tamaño no es muy grande, e incluso existen técnicas para reducir su tamaño como la radiofrecuencia, “Una técnica que, a grandes rasgos, punza el mioma y va produciendo su disminución” o la embolización, “Que consiste en embolizar el mioma para impedir que el vaso que lo riega siga vascularizándolo”. Estas dos últimas son poco frecuentes y su uso depende siempre de las particularidades de cada caso.