Aclaremos estos conceptos, porque sí, es muy importante, ya lo decía Hipócrates en el año 400 A.C: “la muerte está en los intestinos” y “la mala digestión es la raíz de todo mal”

Hoy parece que la relación de la microbiota y la buena salud es el nuevo gran descubrimiento de nuestros días, aunque desde los inicios de la medicina con Hipócrates, ya daba cierta importancia a la salud intestinal, donde te adelanto, es donde más microbiota tenemos.

Concretamente, a la que está en el intestino la definimos como una serie de microorganismos no patógenos que habitan el intestino de los seres humanos y que cumplen roles tanto en el mantenimiento y promoción de la salud como en el desencadenar y generar enfermedades (Masís e Ivancovich, 2013).

Podríamos simplificar diciendo que nuestro intestino tiene dos funciones principales, una de nutrición y otra de defensa. Los alimentos pasan al intestino grueso permaneciendo hasta dos y tres días. Ahí se producen unas series de reacciones con importantes consecuencias para todo nuestro organismo. La importancia de este y de todo lo que se produce en él hace que tenga repercusión en otros órganos, sistemas e incluso ser clave en el desarrollo de patologías. Por ejemplo, en el intestino se localizan hasta un 80 % de nuestras células inmunocompetentes.

Probióticos | iStock

Es importante diferenciar dos términos que se suelen confundir:

MicrobioTa: aquel conjunto de comunidades microbianas que colonizan un nicho ecológico, como es el caso de la microbiota intestinal. En su mayoría, las especies microbianas que colonizan el intestino son bacterias, pero podemos encontrar también hongos, levaduras e incluso virus.

MicrobioMa: todos los genes de todas las especies microbianas que viven asociadas a nuestro organismo. Tenemos en realidad más genes microbianos que genes humanos. Esto hace que estos genes en su conjunto, el microbioma, codifiquen diferentes proteínas, poniendo de manifiesto que las funcionalidad de estas bacterias influirá si está alterada nuestra microbiota.

Algo que suele llamar la atención es que somos 10 veces más bacterias que células humanas. La microbiota existe en todas las superficies del cuerpo expuestas al medio externo: piel, TGI, tracto genitourinario y respiratorio; pero sin duda el tracto gastro intestinal, es el que posee la mayor densidad de esta flora, principalmente el colon, que contiene alrededor del 70% de la microbiota del cuerpo.

Vamos a definir lo que más se suele confundir a nivel de consumidor: probióticos y prebióticos. Los probióticos son "los bichos", pero cuando hablamos de tomarlos como suplemento, serían los microorganismos vivos que al ser administrados en cantidades suficientes confieren un beneficio en la salud del huésped y mejoran el balance microbial intestinal. Los prebióticos son "la comida de esos bichos", a modo de suplementos alimenticios serían, compuestos no digeribles que estimulan el crecimiento de bacterias benéficas en el colon y los simbióticos son la combinación de prebióticos y probióticos (Shimizu y cols., 2011; Bermudez y cols., 2012).

Antes de que te vayas corriendo a comprar uno y otro suplemento, debes saber que es mucho más importante que incluyas prebióticos en tu alimentación natural (vegetales y hortalizas, frutas, semillas y legumbres), es decir, que alimentes con buena comida tus propias bacterias, a buscarlas en cápsulas.