Lo más seguro es que, salvo un toque de máscara de pestañas para bajar al súper o un poco de corrector y colorete para las videoconferencias de trabajo, lleves un mes o casi dos sin maquillarte a diario como lo hacías antes de la pandemia (¿recuerdas esos bonitos momentos?). La distancia social es lo que tiene.

Resulta lógico pensar que ese pequeño descanso que le hemos dado a la piel durante estas semanas ha sido beneficioso. “Durante el confinamiento la piel ha descansado del estrés que le produce el uso de los cosméticos”, comenta Elena Sáez, fundadora de La Crème Organics. Pero esto no quiere decir que el maquillaje estuviera siendo perjudicial antes. Según la experta, “El problema está en cuando no nos lo retiramos bien: la limpieza es lo más importante”. En este sentido, aclara, “Como no nos hemos maquillado, no nos hemos tenido que desmaquillar y no nos hemos dejado restos, es por eso por lo que tenemos la piel mejor que nunca”.

Pero, ¿cómo ha ayudado realmente a nuestra dermis este impasse obligado? Te lo contamos.

1. Disminución de la grasa

“Esta nueva forma de vida a la que nos hemos tenido que adaptar en el último mes y medio ha traído consigo cambios en nuestra piel, en muchos casos de forma positiva, pero también algunos negativos”, expone Elizabeth Pérez, fundadora de Amelia Cosmetics España.

Lo normal es que una barrera de maquillaje aumente la producción de aceite, por lo que no usar maquillaje durante un tiempo puede disminuir la grasa, los poros obstruidos y las espinillas. Esta es la primera gran ventaja, sobre todo para las pieles con tendencia acneica.

Chica en el balcón | iStock

“Al no maquillarnos todos los días y al no exponer nuestra piel al sol, hemos dejado nuestra tez al descubierto, la hemos ayudado a oxigenarse, y como resultado tenemos el cutis mucho más limpio y suave”. Esta es la parte buena. Sin embargo, “La ansiedad del confinamiento puede haber tenido consecuencias negativas en nuestra piel contribuyendo a que esta cambie, disminuyendo su luminosidad y aumentado las ojeras, el acné y, en algunos casos, la aparición de dermatitis”, opina Pérez.

Y es que si bien tu piel se está recalibrando y acostumbrando a la “nueva normalidad” (bonito palabro) de no usar maquillaje, esto podría estar afectando de igual manera y temporalmente a la producción de sebo, lo que, a su vez, derivaría en poros obstruidos y rebrotes.

Si esto te sucediera, las profesionales aconsejan seguir estrictamente una rutina básica de cuidado de la piel: un limpiador suave y una crema hidratante calmante. También puedes considerar agregar un ingrediente activo como un retinoide o ácido salicílico. Aunque pueden causar descamación de la piel, en última instancia conducirán hacia a una tez más lisa. Tras un período de ajuste lograrás que los beneficios de una piel limpia y oxigenada se mantengan incluso cuando vuelvas a maquillarte.

2. La superficie de la piel se reequilibra

Hemos visto que al evitar la aplicación de cosméticos como la base de maquillaje y el colorete, la piel recupera su equilibrio natural de aceites e hidratación. Pero además, sin usar diariamente otros productos como el tónico y sin desmaquillarse tan a menudo y tan en profundidad para eliminar restos de maquillaje (lo cual puede despojar a la piel de sus aceites naturales), hemos conseguido minimizar aún más el estrés de la dermis, permitiendo que se recalibre ella solita.

3. Y en consecuencia, menos acné

A diferencia de otras formulaciones para el cuidado de la piel, que penetran en la misma, el maquillaje se asienta sobre la tez como una cobertura que puede llegar a ver afectada la producción de sebo y, de nuevo, a desequilibrar sus hidratantes naturales. Y es que la piel se comporta de manera diferente dependiendo de factores externos, entre ellos la humedad. Si la barrera de maquillaje aumenta la producción de aceite o grasa, no usarlo disminuiría la obstrucción de los poros y las espinillas.

4. Menor exposición a bacterias

Por otro lado, al no usar maquillaje dejamos de exponer innecesariamente nuestra delicada piel facial a las bacterias que se instalan en los pinceles, las brochas y las paletas que usamos todos los días. Incluso si lavas y desinfectas tus herramientas regularmente, las bacterias pueden permanecer en ellas, también en el maquillaje en sí aunque contenga conservantes.

Esto sin tener en cuenta que la mayoría de nosotras nos maquillamos en el cuarto de baño, exponiendo los productos a otros tipos de bacterias que pueden llegar a contaminar ciertos productos. Hay que tener especial cuidado con la máscara de pestañas y los delineadores, pues pueden ser portadores de bacterias y animarlas a llegar a nuestros ojos a través de la delicada piel de los párpados, provocando infecciones oculares.

5. Líneas de expresión suavizadas

El maquillaje, especialmente el maquillaje en polvo, puede cuartearse y quedarse apelmazado en esas finas líneas y arrugas de expresión, haciendo que estas se vean más pronunciadas, sobre todo alrededor de los ojos. Desmaquillarse todas las noches para eliminar los restos de corrector y otros productos, provoca a su vez estiramientos y tirones de la piel que afectan a su elasticidad y aceleran el envejecimiento. Otra ventaja de no maquillarse o maquillarse menos estos días es, como adelantaba Sáez, desmaquillarse también menos y no destensar la piel.

6. Pestañas más llenas

Las pestañas se ven más largas después de un mes sin maquillarlas, sobre todo porque estamos evitando roturas injustificadas. Si usabas demasiado rímmel, dormías en él o no lo quitabas bien, estabas provocando sin darte cuenta la rotura de un montón de pestañas que, durante este tiempo sin maquillaje, habrán vuelto a crecer tranquilas, pareciendo más largas o más llenas.

Pero no sólo eso. Renunciando a la máscara de pestañas durante estas semanas también habrás detenido la irritación del roce excesivo alrededor de los ojos (la obligación de no tocarse la cara por culpa de la covid-19 también ayuda), con lo que se te habrán caído menos pestañas y la densidad de estas se habrá normalizado hasta mostrarse más gruesas.